lunes, 14 de julio de 2008

Sergio Algora, el Big Fish


Por Luis Yrache.

Ciudad de provincias. Muchos cambios últimamente en la cara de Zaragoza, pero aún una pequeña ciudad de provincias. No, no nos conocemos todos. Seguramente si me dices el nombre de tu prima de allí no lo haya oído nunca. Tal vez sea mi vecina, pero no hablamos ya más que del tiempo en el ascensor, no se como se llama. Perdemos relación, nos globalizamos en lo bueno y en lo malo. Si me enseñas una foto posiblemente me suene tu viejo amigo. Si me dices por qué zonas se mueve las conoceré sin duda. Los bares, seguro que los hemos compartido. Ayer mismo le pedí perdón para llegar hasta la barra y pedir unas anchoas en salmuera. Al final, una pequeña ciudad de provincias.

Espacio y tiempo muy especiales donde pasan cosas y casi todos nos vamos enterando antes o después. Caldo de cultivo perfecto para héroes locales, sean del silencio o no.

Sergio Algora era el líder de varias bandas de pop desde los 90. Ultimamente en La Costa Brava, antes con Muy Poca Gente y al principio en El Niño Gusano. Sergio creaba y ofrecía unos textos más allá de lo original, de lo inteligente y lo inspirador. De ser el letrista de un grupo en la Zaragoza más alternativa musicalmente pasó en seguida a ser reconocido y valorado como artista difícilmente imitable. Conciertos y publicaciones y la capacidad de omnipresencia en la noche y en la vida diaria hacían de su imagen y su nombre un elemento importante y referencial para muchos zaragozanos. Como cuando Mauricio Aznar paseaba con su gorra en su mítica bici y parecía estar en todas las calles. Pero estos eran tiempos en que la escena independiente no estaba ya tan centralizada como en los 80 y por todas partes surgían propuestas interesantes. Movimiento (por no hablar de “movida” otra vez), fuerza, frescor, alegría, ganas, ideas. Todo hervía y nos dejábamos llevar. La noche zaragozana estaba a la altura de cualquier otra ciudad y se abrían locales nuevos que queríamos conocer y casi habitar. La Sopa de Letras, el Fantasma de los Ojos Azules y muchos otros bares donde cualquier cosa podía pasar. Los del “niño gusano” podían sorprender con proyecciones del mejor cine, concursos absurdos, conversaciones en la barra entre carcajadas basadas en un hábil no-sense culto y espontáneo. Sergio Algora era garantía de risas y de temas inverosímiles sin dirección previsible.

En ese ambiente pudieron surgir divos, fanfarrones y presumidos reyes de la noche zaragozana, esa ciudad de provincias (otra vez lo remarco) donde una star tiene carta blanca para los excesos egocéntricos. “Soy un tipo famoso y voy a aprovecharme”. No fue así. Yo considero a Sergio y sus compañeros de aventura auténticos “peces gordos” de la cultura española, alguien realmente importante, pero la diferencia con otros “famosos” es muy sencilla, se trata de grandes artistas. Derrochaban creatividad en cada acto, no necesitaban más, sólo imaginar, pensar, leer, aprender, contar, expresar, ilustrar. Se lo pasaron como enanos rosas volando en elefantas barbudas sobre islas y utopías, y era un placer partirse de risa a su lado con un vaso de tinto, participando. Crearon un ambiente en parte de los noctámbulos y fiesteros que difícilmente se repetirá. Allí estaban y con eso valía. A muchos nos contagiaron sin querer, y de noches tan fáciles surgieron por ejemplo varios de mis guiones de corto, además de obras mucho más elaboradas y relevantes de otros que también reían. Qué gozada compartir con gente surreal y desbordante de imaginación. Seres mitad pez, mitad humano, con ruedas en las piernas, fragmentables, recambiables, mecánicos en parte, con profesiones y adjetivos divertidos y descontextualizados, personajes o imaginaciones que no sólo vivían en sus primeras canciones sino en las vidas de los que pudimos acercarnos a los mundos de Sergio Algora aunque fuese de modo breve, sin poder presumir de haber sido su amigo, sólo, insisto, amable compañero de noches y risas.

¡Cuántos huérfanos ha dejado ahora Sergio! Se ha ido a un viaje que cada uno imaginaremos como más nos apetezca, con nuestro pensar sobre él y apoyándonos en sus textos, sus relatos, sus letras. Es curioso, pero a pesar del absurdo de sus canciones, casi todos hemos encontrado frases suyas que poder aplicarle ahora. Cientos de despedidas en su blog y en el de muchos otros espacios en Internet. Espacios que él sabía llenar con su in-genio y en los que todos pueden aún entrar, navegar y también sumergirse, hundirse y perderse a gusto.

Personalmente, me rebelo contra la muerte, por perdida que tenga esa batalla. No la comprendo ni me limito a aceptarla. El jueves 10 de julio de 2008, lleno de rabia y de tristeza, pero también de cariño hacia alguien con quien hablé demasiado poco, tuve una extraña sensación. Muchas caras conocidas en el cementerio de Torrero. Todos los que siempre he visto en mi querida noche zaragozana. Todos menos uno. Pequeñas flores en el pelo de la gente que le quiere, ojos que delataban la larga velada de llorarlo amablemente y beber por él hasta la catarsis. Era imposible que en ese momento faltase precisamente él, siempre había estado con todos, con todas. Siempre ahí con su mirada, eterno, incombustible y desbordante. Esa ausencia tenía nombre y apellidos. ¡¡¡Faltaba Sergio Algora!!! Muchos decían estos días que Zaragoza no se podía permitir esta maldita pérdida que me cabrea y me hace enfrentarme a pecho descubierto contra una nada inidentificable a la que le grito y exijo. Más tarde, relajado, pienso que esa oscura figura que se lo ha llevado guadaña en mano, estará ahora sentada en el bar de la plaza de España de Así en el cielo como en la tierra, pidiendo otro vinico y sin parar de reír, con Luis Ciges, con nuestro Sergio y con tantos otros. Casi me parece imaginarlo, oírlo con su voz de niño.

A la despedida del Big Fish de Tim Burton acudieron todos esos personajes increíbles que construyeron el relato de su vida. El hombre bombilla, la mujer portuguesa, la reina mofeta, el capitán mosca, el fabricante de alas de mariposa, el hombre balleta, Mr. Camping, el Sr. Alambre y muchos, muchos otros están ya de camino. Tal vez yo mismo sea también simplemente un personaje más de Sergio…