miércoles, 24 de diciembre de 2008

La importancia de llamarse X

Hay casualidades que según se miren se vuelven causalidades. Wishful thinking mediante, por supuesto. Hay personas que llevan unos nombres y apellidos que parecen hechos a su medida, o visto de otro modo, personas que parecen haber llenado las expectativas semánticas de sus patronímicos. Más allá del error tipográfico o la transposición (pienso en el pobre García Lorca, al que un periodista, al parecer por error, llamó “Gracia Loca”, o en Salvador Dalí, al que los yankees llamaban “Avida Dollars”, dando un anagrama de acusaciones claras y merecidas), más allá de los tropos con intención existe una serie de individuos predestinados por su nombre.

El que más destaca sobre todos ellos es el poeta británico William Wordsworth (1770-1850). ¿Se puede estar más abocado a la poesía que apellidándose “wordsworth”, es decir, “las-palabras-importan”?

Otro poeta anglosajón, en este caso el neoyorquino Walt Whitman (1819-1892). Otro apellido que por fuerza te lleva a ser un lírico: viene a querer decir “hombre de cosas de ínfima importancia”, “hombre de cosas sutiles”, si se quiere. Y si sólo atendemos a la pronunciación, “hombre de ingenio” (“witman”).

Qué decir de uno de los arquitectos que más han embellecido Madrid, responsable del Palacio de Cristal, el Casón del Buen Retiro o el antiguo Ministerio de Agricultura. ¿Cómo no va a ser uno artista llamándose Ricardo Velázquez Bosco (1843-1923)?

Hay también casos más prosaicos, más mesetarios, como el de ese otorrino con calle en el segoviano pueblo de Riaza llamado muy inapropiadamente doctor Tapia, o el de ese otro galeno con el nombre aún más inoportuno de doctor Mata, también con calle. A éste último, al parecer, su vecino Bretón de los Herreros le dedicó los siguientes versos: “Vive en esta vecindad un doctor también poeta, que al extender la receta, pone Mata, y es verdad”.

Los hay que por una sola letra han seguido caminos absolutamente opuestos. Me refiero al curioso caso de pasar de ser poeta y dramaturgo llamándose Manuel Machado (1874-1947) a ser campeón de halterofilia y chulo de piscinas bajo el nombre de don Manuel Manchado (1971).

¿Y qué pasa cuando te llamas exactamente igual que otra persona? Según nuestro wishful thinking, las vocaciones (o las abocaciones, que vienen a ser lo mismo) deberían ser similares. Pues no. Para desmontar esta teoría ahí está sino Agustín García Calvo (1926), poeta epicúreo, lingüista, librepensador, frente a Carlos García Calvo (del no se sabe cuando nació, y él jamás lo desvelará), conocido por ser un petimetre, un snob y, además, tertuliano de Ana Rosa.

O, aún mejor, el caso de John Cage (1912-1992), músico experimental, teórico de vanguardia, creador revolucionario, y Johnny Cage (1992-∞), personaje del Mortal Kombat. (Fíjense en el detalle de que el John Cage virtual nació exactamente cuando el de carne y hueso nos dejó. ¿Homenaje? ¿Casualidad? ¿Transmigración?)

El que ya termina de desmontar por completo esta teoría nuestra de la influencia del nombre propio es ese señor bajito, aburrido y cabreado cuyo apellido etimológicamente quería decir (según el Corominas) “Libre, exento, liberal, dadivoso, noble, de trato abierto”, al que conocimos aquí por el nombre de su Excremencia Francisco Franco. Salvo, claro, que aquí la influencia fuera inversa. Va a ser eso, porque si no no se explica nadie que un enano usara el superlativo de Generalísimo.


[En E&S nos va la podomancia. Pincha en las fotos para leer los pies]
Por Random Salazar

8 comentarios:

JJ Perfecto Idiota dijo...

Otros anagramas muy divertidos son los que incluye John Oswald en el libreto de su disco Plunderphonics 69/96 (Seeland, 2001). Haciendo con los nombres de la gente algo parecido a lo que hace con su música, es decir, jugar con sus elementos cambiándoles el sentido, convierte por ejemplo a Jim Morrison en Sir Jim Moron ("don Jim el Bobo"), a Michael Jackson en Slick Macho Jean ("El Elocuente Macho Vaqueros") o a Jerry Lee Lewis en Sir Jewelry Eel ("don Anguila Joyería"). Salvador Dalí pasa a ser Dada Visa Roll ("Rueda Visa Dadá"), Metallica a ser Tame Lilac ("Domestica Lila"), The Beatles a ser Sable Teeth ("Dientes de Sable") y Bruce Springsteen pasa a ser Princess Bent Urge ("Princesa Doblada Urge"). Así tantos y tantos otros. John Oswald, uno de los grandes.

Anónimo dijo...

este giro de anécdotas callejeras, digno de un libro de Madrid oculto, me ha gustado mucho...
vuestro fiel lector...
Aviador DeLuxe

Anónimo dijo...

Entrialgo tiene una serie entera de tiras sobre este tipo de nombres:
http://blogs.publico.es/mauroentrialgo/tag/como-su-propio-nombre-indica/

Anónimo dijo...

Muy buenos algunos de los de Mauro Entrialgo. La groupie Pamela Des Barres se lleva la palma.

Antonio dijo...

Dice Entrialgo: "Cómico y actor que murió accidentalmente por sobredosis de speedball: Chris Farley."

Miradlos, que son muy buenos.

JJ Perfecto Idiota dijo...

Leo en El País que el director del Banco de China se llama David Dollar, y el otro día liberaron a un tío en Somalia que se llamaba Freeman.

Martín Barquero dijo...

José Luís Guarner; era inevitable.

JJ Perfecto Idiota dijo...

Francis Bacon al parecer tuvo un amante que luego se suicidó que se llamaba George Dyer (que literalmente quiere decir "Teñidor" pero que fonéticamente quiere decir "Moridor", "el que se muere").