lunes, 28 de enero de 2008

En Salamanca, un perro y un gato se hacen amigos

En Salamanca, un perro y un gato se hacen amigos
Por Vanesa, la salamanquesa

Los objetivos del sistema industrial: un hombre que gaste lo que gane y que trabaje porque siempre necesita más…un hombre no presionado por la necesidad de las cosas gastaría menos y trabajaría menos.

Galbraith, 1967


A lo largo de la historia, el hombre avanza, evoluciona, se arriesga, da la vida por sus creencias, lucha, pelea, cumple con sus objetivos… Pero en el tedioso y vergonzoso mundo occidental todas las batallas están perdidas de antemano, todas las luchas quedan, irremediablem
ente, atrás. Cerramos los ojos, estamos tan cómodos, nuestros padres, abuelos, bisabuelos ya lucharon por la igualdad, la justicia, la democracia… sólo nos quedan las crisis personales, el “yo” es lo único que ocupa nuestras cabezas, ¿qué opción elegir entre las innumerables que me ofrece la vida?, ¿cómo debo ser para que me acepten?, ¿qué pensarán mis padres, mis vecinos, mis amigos..?, ¿qué pasará conmigo si no entro al juego?, ¿si no hago una carrera?, ¿cómo pagaré mi hipoteca?, ¿qué ocurriría si visto con lo primero que encuentre, como los productos que cultivo y paso mi vida leyendo y fumando marihuana?, ¿estoy preparado para ser diferente?, ¿estoy preparado para actuar en contra del sistema, aún sabiendo que, cómo rebelde, seguiría formando parte del mismo, puesto que soy necesario y cuentan conmigo para su propio funcionamiento?, ¿cómo puede ser que aunque yo me sienta diferente, me vea diferente, mi cabeza esté estructurada de tal forma que me establezca unos límites de cordura, me remita siempre al mismo sitio, me haga sentir rebaño tantas veces?, ¿quién me introduce todo esto, quien me forma como persona de esta manera: mi familia, mis profesores del colegio, la iglesia?, ¿quién?, ¿quién?

No puedo echarles la culpa a mis padres, quizás su superprotección les hizo en ocasiones dejarme salir menos a la calle y colocarme más frente al televisor, pero no creo que a nadie le haga mucho daño Barrio Sésamo, las enseñanzas de Espinete, en el fondo, eran muy parecidas a las que me daban las monjas en el colegio, la moral cristiana es ideal para los niños: ama a tus compañeros, a tus padres, comparte, si eres bueno serás recompensado, las mentiras son malas… también es muy fácil educar a tus hijos utilizando al pobre niño Jesús como cómplice, “¿por qué no puedo hacer esto mamá? –si lo haces, cariño, harás llorar al niño Jesús” ningún niño de seis años quiere hacer llorar a tan agradable ser, teniendo en cuenta todas las dificultades para su nacimiento, que era pobre, muy bueno y esas cosas. Por otra parte, no hay ningún mandamiento que diga “ganarás 3.000 euros al mes, te comprarás un coche bonito y construirás una casa en el campo para pasar allí los fines de semana del resto de tu vida”, es más, aparentemente, Jesucristo ni siquiera trabajaba, era un autentico hippie, no solo por ésta, sino por otras muchas razones que no vienen al caso; así que, si tengo que descartar algo absolutamente de responsabilidad descarto las creencias religiosas, por lo menos las que me inculcaron a mi, creo que es lo único que se salva, aunque todo, cuando pasa por el filtro del ser humano, ya sea con la mejor intención, está condenado a envenenarse.

Y es que tenemos tantas carencias en este mundo superpoblado donde nos ha tocado vivir. La pesadilla de la gran ciudad: pequeñas hormiguitas, encerradas en sus casas, conectadas al ordenador, al teléfono móvil, hablando con gente que está ahí mismo, a nuestro lado, pero no hay tiempo, porque los hombres grises nos lo están robando. “Ya no tengo novi@, mis amig@s se marcharon hace tiempo, o están casados, o se han vuelto locos, trabajo tanto que hace meses que no organizo nada divertido ni interesante, ni siquiera tengo tiempo de ir al cine, no me queda otra, estoy tan deprimid@ que voy de tiendas, compraré un montón de cosas necesarias para mi, innecesarias para el funcionamiento de la tierra, compraré muchas cosas sólo por el gusto de poseerlas, mirarlas y ponerlas en mis estanterías o armarios, gracias a ellas pertenezco a un grupo social, dependerá de lo que compre el a quien voy a impresionar, pueden ser libros si pretendo parecer intelectual, discos porque soy un melómano, ropa de marca, electrodomésticos, coches de lujo, vinos, joyas… pero claro, no es sólo una cuestión de a quien voy a
impresionar sino de mi necesidad de definirme, quiero definirme para ser diferente, quiero definirme porque rechazo cualquier tipo de forma de vida que no sea la mía”, y cuanto mas crezco más cuenta me doy de que todos los seres humanos, en el fondo, somos iguales. Si me gusta un chico puede que se lo diga y el me rechace, si me gusta un perfume, voy a la tienda lo compro y ya es mío, puedo ponerlo en mi estantería, utilizarlo cuando quiera y no hay posibilidad de que huya, ese olor es mío, me pertenece, y hay tantas cosas en la vida que he intentado retener y se han ido que, al final, es maravilloso poder pagarlas y saber que nunca se irán.

Puedo ser feliz comiéndome una tableta de chocolate nestlé, está demostrado que el chocolate segrega serotonina, pero, sin embargo, es muy probable que si después de ver un informativo me quedo toda la tarde analizándolo, al cabo de unas horas me tire por la ventana, aunque también podría tirarme cuando en los informativos de A3, después de hablar de los conflictos en Kenia, te cuentan que en Salamanca un perro y un gato se han hecho amigos. Si me suicidara también habrían cumplido su objetivo: hacerme creer que no puedo hacer absolutamente nada por cambiar el mundo, ayudarme a aceptar las cosas tal y como son y seguir hacia delante. Hay tantas cosas por las que preo
cuparse que ¿por qué no centrarse en uno mismo? Total, todo lo demás seguirá ocurriendo irremediablemente; además, me dan una de cal y otra de arena, para que no me sienta tan despreciable por no tener conciencia social, ambiental… por no tener conciencia; así que después del informativo van a programar “aquí hay tomate” para que en lugar de analizar el hambre en el mundo, analices la vida de tal o cual famos@; ahí lo tienes: tema de conversación para un buen rato, la combinación de Ana Obregón, a quién le puede interesar la situación en Cuba, “sólo me interesa si tengo en cuenta que esos cubanos vienen a España, vienen mucho y también sus vecinos, bueno por lo menos hablan nuestro idioma, que si no vaya incordio” hoy los media eligen hacerme sentir miedo con respecto a este tema, mañana elegirán la compasión, pasado la indiferencia… “bueno, me beberé un ron cubano, en Cuba hay ron y puros, es lo único que sé, ah! bueno sí y que Fidel es malo, malo; que fuerte la combinación de Ana Obregón”. Este es el resultado de la fórmula: compasión + diversión, y, aunque no me guste generalizar, creo que la formula funciona, quizá no de la forma tan exagerada y simplificada a como yo la he definido, pero si seguimos así después de tantos años supongo que será porque es eficiente.

De repente, nos damos cuenta de que en todo este mare mágnum de información los únicos que son felices son los protagonistas de los anuncios, esos pequeños personajes estereotipados que van por la vida llenos de placer por ir montados en un Audi, esos chavales tan guapos y divertidos bebiéndose una Fanta, y entonces nos preguntamos: “¿podré acariciar un poquito de esa felicidad si me compro un Audi? En el fondo todos sabemos que no pero, ¿y si la siento? aunque sólo sea por un día, además por lo menos mi vecino se morirá de envidia porque, aunque se le ve muy enamorado de su mujer, tiene un Panda, llevo toda mi vida siendo un Don Nadie pero ahora que tengo un Audi, la gente que no me conozca y me vea por ahí pensará que he triunfado, porque todos sabemos que el triunfar en esta vida, en nuestra sociedad pasa por Audi, BMW o Mercedes”

Estudio publicidad y la aborrezco, pero la aborrezco desde el conocimiento y eso me hace sentirme orgullosa. La admiro en el sentido de la creatividad y la psicología, el estudio del consumidor y sus comportamientos, pero después de todo esto tiempo he decidido que no podré ejercerla ya que mi conciencia, mi moral, no descansaría si tuviera que apoyar a ese sistema que, entre otras muchas cosas, traumatiza diariamente a tantas mujeres, sé que no es una cuestión sólo de nosotras, porque ahora empiezan con ellos y me muero de lástima, pero yo me siento victima de ese acoso. Me han introducido una serie de clichés en la cabeza sobre cómo tengo que ser y no sólo a mi, sino que se los han introducido a toda la sociedad en la que vivo, que me exige que sea así, no puedo ser aceptada físicamente si no cumplo unos cánones; siento a mi madre victima cuando no la dejan envejecer tranquila y la convencen una y otra vez de que no puede tener patas de gallo, celulitis, piel colgando, arrugas, canas… la obligan a consumir todas las cremas del mundo, le hacen creer que si no funciona vaya al cirujano, el bisturí es la única manera de seguir con vida en esta sociedad, de que todavía alguien pueda desearte, quererte, darte una oportunidad. He crecido y de alguna manera puedo distanciarme de esto y dejar que me pese lo menos posible pero no quiero, dentro de unos años, sentir que tengo parte de culpa en que millones de adolescentes de los países ricos anden vomitando la cena de Nochebuena, la de Nochevieja y todas las cenas, no quiero ese peso sobre mi conciencia.

No quiero leer en palabras de Clyde Millar: condicionar un millón o diez millones de niños que serán un día adultos dispuestos a comprar vuestro producto como los soldados dispuestos a avanzar cuando escuchan la voz de mando que les grita: Adelante!, y que no me afecte, quiero que me afecte y me revuelva las tripas como lo hace. Bajo mi punto de vista la publicidad dirigida hacia los niños debería estar prohibida, por lo menos hasta los trece años, sé que es necesaria su manipulación desde temprana edad para que luego entre en los engranajes del sistema sin grandes crisis existenciales, pero la publicidad para los niños, que son ingenuos e inocentes, es algo que debería afectar a mucha más gente de la que afecta. Dejémoslos vivir felices, en un mundo sin marcas, sin diferencias, apartando lo material de su temprana infancia, ya tendrán tiempo de unirse a nosotros o no, pero, mientras tanto, que nadie se ría en el colegio de nadie porque sus zapatillas son Adimas y no Adidas ¿Tenemos que traspasar el cruel mundo de los adultos a la tierna infancia?, ¿tenemos que convencerles de que anunciado en la tele es bueno?, ¡por favor! estamos creando carne de cañón de fracaso y sumisión. Estos niños lo tienen muy negro si sólo aprenden de la vida en la televisión y los ordenadores. La regulación para la publicidad infantil debería ser mucho más estricta, sobre todo en el tema del sexismo; puesto que, a parte que les enseña a diferenciarse económicamente unos de otros, también los diferencia en cuanto a sus preferencias según el sexo, así que un niño que le gusten las muñecas va a ser tomado como un marginado ya que en este caso la publicidad no ha cumplido su función socializadora, ni siquiera se ha molestado en intentarlo, porque las grandes empresas, quienes realmente tienen el poder sobre todos nosotros, se han empeñado en teñirlo todo de rosa y colocar lazos y tules por todas partes.


Con todo esto, no creáis que me sumo a la moda del renegado, impuesta por Frédéric Beigbeder, he leído sus libros y no lo soporto, ser consciente de que con tu actuación ayudas a que el mundo sea un poco peor pero llevarlo a cabo por una cuestión de dinero y, encima, vanagloriarse de ello, me parece lamentable. Lo que me ocurre simplemente es que no me encuentro preparada para convencer al mundo de que el mundo se consume y no se transforma porque si yo creyera en esa máxima no sería la persona que me siento orgullosa de ser. No acuso a nadie, no demonizo a la publicidad porque soy consciente de su utilidad pero tampoco haré nada que no deje mi conciencia tranquila e intentaré, en la medida de lo posible, poner mi granito de arena para mejorar un poquito, este, en ocasiones perturbador y apestoso, mundo.


Actúa de modo tal que trates a la humanidad, en ti mismo y en los demás, como un fin y nunca cómo un medio.

Kant

5 comentarios:

JJ Perfecto Idiota dijo...

En la línea de La Salamanquesa, os recomiendo "De la miseria humana en el medio publicitario", de Grupo Marcuse (un colectivo antipubublicitario francés). Está en Melusina, una pequeña editorial catalana con un catálogo muy recomendable.
También os recomiendo que veáis algo de Bill Hicks. Tiene un gag sobre los publicistas y la gente de márketing tronchante.
Salamanquesa, besos grandes y gracias por tu texto.

Anónimo dijo...

Bonita biografía y explicaciones pero es nmuy triste estudiar publicidad y ser antipublicitario. ¿Futuros estudios - dedicación? A pensar.

JJ Perfecto Idiota dijo...

Creo que fue Julio César (el emperador, no el futbolista) el que dijo "ten cerca a tus amigos y más aún a tus enemigos".

Anónimo dijo...

hay cosas mucho más tristes en este mundo.

La Salamanquesa dijo...

Los caballitos poni, eso es mucho más triste.