jueves 30 de octubre de 2008

Stephen Prina, repito, Prina

Otro grupo que descubro gracias al omnipresente, omnisciente y omnívoro Jim O’Rourke. La lista es casi inagotable: Bill Fay, Judee Sill, Sparks, US Maple, Michael Small, Folke Rabe, Nuno Canavarro y otros muchos a los que ya conocía pero a los que no había dado suficiente tiempo, como Fennesz, Gerry Rafferty, Wilco o Genesis (los de Peter Gabriel y Phil Collins, sí, los mismos). No falla: todo lo que compone, produce o recomienda O’Rourke me gusta. Y hace una década produjo junto a David Grubbs, su antiguo compañero en Gastr del Sol, el lp “Push comes to love” (Drag City, 1999) del para mí hasta ahora desconocido Stephen Prina.


Prina (1954) es un artista multidisciplinar y multimediático de Chicago, actualmente profesor de Harvard (en la asignatura de Visual & Enviromental Studies, algo así como Estudios visuales y del entorno), que coincidió con O’Rourke y Grubbs en The Red Krayola, el siempre cambiante supergrupo del underground encabezado por Mayo Thompson pareciera que desde la noche de los tiempos.


Grabado entre enero y junio de 1997 pero no publicado hasta 1999, “Push comes to love” es un disco pop de accesibilidad inmediata, con un sonido tan maravilloso y una producción tan sutil como viene siendo habitual en todos los discos en los que mete mano O’Rourke. En gran parte es gracias a las interpretaciones de Grubbs (a la guitarra), Prina (encargado de un teclado que suena a fender rhodes y de las voces), John McEntire (también en Gastr del Sol y Tortoise, entre otros, a la batería) y el propio O’Rourke (bajo, sintes, baterías electrónicas, guitarra acústica y pedal steel, que se dice pronto).


Las mejores: “Cums for shove”, “The Devil, probably” (compuesta por O’Rourke), “The Sobriquet”, “Trevor”, “Little lips” (con ese crescendo acústico inolvidable) y “This is not it” (con Prina cantando debajo de ese emparrado que Grubbs y O’Rourke le fabrican).


El disco entero es un ejercicio de repetición, como no me cansaré de subrayar que es en mayor o menor medida todo el pop de la historia. Aquí sin embargo se fuerzan los límites (esa trompeta de Rob Mazurek en “Trevor”, la batería programada en “Little lips”). Pero las que cansan (como “No one calls me a friend”, compuesta por Grubbs) no son precisamente las más repetitivas. Es un disco cotidiano, hogareño, amable y cálido, y lo que aquí se repite son precisamente esas cualidades. Como un día en la vida de un explorador espacial, qué importa que haya una rutina que se repite continuamente, si esa rutina nos encanta.



Por Random Salazar

miércoles 29 de octubre de 2008

Inicios (y 2): La Cuadrilla

"El decreto Miró y sus sucesivas enmiendas habrán hecho mucho por la proyección internacional del cine español, pero a nosotros, que queríamos hacer nuestra primera película, nos cerraba todas las puertas. No es que no nos dieran una subvención, es que no la queríamos porque siempre pensamos que, al primar la qualité, la consiguiente disminución de la producción implicaba una reducción de los intersticios por los que nos pudiéramos colar los francotiradores. Hablando en plata, que si se producen ochenta películas al año, caben las de alto presupuesto, las de bajo presupuesto y alguna sin presupuesto ninguno, pero cuando la cosecha anual no llega a los cuarenta títulos, ni siquiera tienes sitio en la línea de salida.
.
(...) Justino supuso un modesto triunfo modéstico en cuanto a la posibilidad de hacer cine sin grandes presupuestos. Las tres películas (Justino, un asesino de la tercera edad, Matías, juez de línea y Atilano, presidente) han tenido un coste bastante inferior al de la media teórica de una producción nacional. Hemos bromeado varias veces argumentando que con más dinero terminaríamos haciendo dos películas en lugar de una. Lo cierto es que nunca hemos tenido problemas graves más allá de la limitación de plazos. Siempre hemos sabido antes de empezar hasta dónde podíamos llegar y hemos actuado en consecuencia.
.
Con Justino ganamos la batalla de la producción, pero hemos perdido la guerra en la distribución. Con una media de diez películas nuevas en la cartelera cada semana, hacerte un hueco es cada vez más difícil y mucho nos tememos que si se estrenara hoy en día, saltaría de la pantalla en el primer fin de semana. Traducido al esperanto: uno puede rodar por dos cuartos, pero la inversión para arrostrar un estreno con las mínimas garantías excede las posibilidades de cualquier película modesta. Sólo se puede sacar si por una u otra circunstancia cuentas con el apoyo de los medios de comunicación."

viernes 24 de octubre de 2008

Entrevista a absence (de El Blog Ausente)

absence, aka el Señor Ausente, es tan sólo el heterónimo tras el que se oculta el creador e ideólogo de El Blog Ausente (http://www.absencito.blogspot.com/). Abandonado en la selva amazónica cuando era niño, fue criado por una tribu de bellas caníbales y rescatado por Ingo Sponda, el infatigable coleccionista de cajas de cerillas. En la actualidad, vive recluido en la barcelonesa Spider Island, desde la que se dedica al cultivo y propagación, "a colores y en espectacular formato", del virus de Subcultura que asola nuestra sociedad. De su labor se ha dicho: "Un trabajo de arqueología pop lleno de genio" (Jordi Costa). "Una patada en los huevos a la cultura culta" (Jorge Riera). "El Cahiers du Cinema de la serie Z". "La mitad de las cosas de las que habla o no las conozco o no me interesan. Y aún así le sigo diariamente".

Se sabe también que forma parte desde hace años de la terrible logia de los bruttos catalanes, quienes durante años han preservado fielmente su verdadera identidad.
.
¿Cuándo, cómo y por qué nace tu alter ego absence?

Uf. El origen está en mis amigos de juventud. Siempre he tenido cierto vicio (que puede ser virtud) por desconectar de lo que me rodea y quedarme ensimismado pensando o haciendo algo. Digamos que cuando me concentro tardo unos segundos en regresar, por lo que pasaron a decir que tenía "ausencias". Cuando la conexión a Internet entró en casa (finales de 1995) la primera (y emocionante) noche acabé en un chat usaca y ante la necesidad de un nick pense en mi "hecho" ausente y lo puse en inglés. Se convirtió en mi nick y lo he usado durante más de una década.

Durante los 90 escribí en revistas de tendencias del todo olvidables con mi nombre, Daniel Fernández, que es bastante inocuo y anónimo. Curiosamente, en Internet, como absence, me conocía todo el mundo. Así que llegó un momento en que me di cuenta de que estaba más contento de lo que escribía como "absence" que de lo que escribía con mi nombre; lo convertí en seudónimo habitual, con variaciones como Señor Ausente y similares.
.
Has (re)formulado el concepto de sociedad estupefaciente y la has denominado Sociedad Borderline. ¿Qué relación hay entre ésta y la Cultura Mostrenca anunciada por Jordi Costa?
.
Creo que es lo mismo. Con Jordi me pasa una sincronía extraña. Dos o tres veces he escrito algo y luego he visto que Costa ya lo había dicho antes. A mí es algo que me hace feliz, es como obtener un certificado ISO.

A propósito de cultura pajera y chatarra fílmica hablabas de “la cantidad de información inútil que sobre cine de (muy) baja categoría pueden almacenar mentes ociosas inmersas en la sociedad borderline a la que pertenecemos y que nos dice 'más vale que vean películas italianas de caníbales a que discutan sobre la revolución'". La subcultura pop, ¿es escapismo, al mismo tiempo gozoso y alienante, o reflejo de una sociedad (la del espectáculo y el consumo)?
.
Peliaguda cuestión. Hace ya seis o siete años que escribí lo de la Sociedad Borderline, y algún día debería actualizarlo. En algunos momentos la ironía se torna confusa. En realidad, ambas facetas se dan a la vez. Hay que despojar al concepto de escapismo de matices peyorativos, pues supone la búsqueda del sentido de la maravilla. Lo que es importante es no perder la perspectiva con la realidad. La cultura popular es indisoluble de la sociedad de la que sale.
.
El ejemplo de las películas de caníbales es clave: muchos de sus directores estaban muy comprometidos con la izquierda italiana, que es algo que hoy puede chocar porque parece que para un "progre" una desagradable explotación gore sea la antítesis de su ideal de entretenimiento. La culpa está en el azote de lo políticamente correcto, que, además, ha convertido la incorrección en patrimonio de la derecha.

Mirando la hemeroteca de La Vanguardia, he descubierto que La invasión de los zombies atómicos (Incubo sulla cità contaminata, Umberto Lenzi, 1980) fue valorada positivamente por el crítico en su momento, que es algo que aplaudo y me llena de alegría. Eso sí, se justifica por la condición de comunista de Lenzi, como si un izquierdista no pudiera disfrutar de una película de zombies per se, dejando la ideología al margen.
.
Con esta obsesión de un sector de la crítica por la ideología y el mensaje se dicen muchas tonterías. No recuerdo dónde ni quién escribió que una de las virtudes de Mystic River de (Clint) Eastwood era “su sincera crítica a la doble moral cristiana”, sólo porque los que abusan del menor al inicio llevan un crucifijo colgando del retrovisor. ¡Por Dios! Si es imposible encontrar una película más religiosa que ésa, con Tim Robbins convertido en Jesucristo. Y ya que hablamos de Jesucristo: La Pasión (The Passion of the Christ, 2004) de Mel Gibson es de una bizarrez extrema que incluye planos subjetivos de la visión de Cristo. Yo con cosas como esa sólo puedo levantarme y aplaudir, y me la suda que su director sea un derechista de cojones. Creo que he acabado divagando. Siguiente pregunta.

Creo que el donostiarra Javier Aguirre es buen ejemplo de esta dualidad esquizoide. Tan pronto pergeñaba Los chicos con las chicas (1967), Una vez al año, ser hippy no hace daño (1969), El jorobado de la morgue (1973) o las películas de Martes y Trece y de Parchís como inventaba el Anticine o adaptaba a Ángel Vázquez (Vida perra, 1982); actualmente, tras décadas de dedicación a las sucesivas modas del cine de subgéneros, sólo dirige films experimentales. ¿Qué opinión tienes de él?

No he visto sus films experimentales. De hecho, Aguirre salió de la experimentación, hizo cine comercial y regresó a su lugar de partida. Me sabría mal que renegara de su obra intermedia. Las películas sobre éxitos catódicos del momento son lo que son, eso está claro, pero Los chicos con las chicas es un producto ye-yé de cuando jugar con lo pop era vanguardia (aunque fuera copiando a los británicos); Una vez al año, ser hippy no hace daño es un film a reivindicar, y mucho, de lo mejor que se hizo en el género del costumbrismo celtíbero y con algún chiste autoreferencial buenísimo (hace tiempo que tengo pendiente hablar de ella en el blog). Su contribución al terror hispano de los 70 tiene una atmósfera de goticismo decadente muy potente y son buenas películas. Y no hay que olvidar Carne apaleada (1978).
.
¿Cuál es, a tu juicio, el valor de la obra de realizadores como Ted V. Mikels o Bruno Mattei? ¿Aceptas la etiqueta de poscine?

Si te soy sincero, no me he parado a indagar qué significa exactamente hablar de poscine, aunque puedo intuirlo.

El cine nace como espectáculo de feria, con la caseta de los freaks como vecina. Ese ánimo de espectáculo de derribo exhibiendo falsas atrocidades está en el cine de gente como Bruno Mattei, un hijo más del subproducto de explotación italiano, y me interesa por eso. Con Ted V. Mikels lo que me pasa es que me aburrí y fasciné a la vez repasando sus Astro-Zombies (1968), y eso, la fascinación ante ese bostezante tempo cinematográfico, es decadencia cinéfila. Así que si el tempo de Mikels es el mismo que el de (Michelangelo) Antonioni o (Michael) Haneke hay que preguntarse porque unos son considerados como “buenos autores” y el otro como un mal sacamantecas. ¿Quizá porque hay zombies y sale Tura Santana? ¡Pero si eso es algo que mejoraría cualquier película de arte y ensayo!
.
La violencia gratuita, el sexo, ese “un poco más de lo permitido” que hizo grande al cine trash, parecen haberse adaptado al mercado, han sido asimilados y ahora son mainstream. ¿Cuál crees que es el revulsivo hoy en día de un nudie de Doris Wishman o de Las torturas de la Inquisición (Hexen bis aufs Blut gequält, aka Mark of the Devil, Michael Amstrong, 1970)? ¿Hay algo más allá del divertimento camp, del visionado risible?
.
En realidad, la violencia nunca es gratuita, y en los 70 el cine llegó a extremos no superados. Y creo que el mainstream no la ha adaptado al mercado porque es cobarde por naturaleza. No creo que hoy haya revulsivos comparables a las películas citadas. Vale, el porno es un mercado de éxito, pero sigue siendo subterráneo. No hay cine X en las multisalas de un gran centro comercial. La violencia no suponía ninguna traba para que las películas se estrenasen en España, sino el sexo. Los tebeos de la Warren se publicaban aquí tal cual, con sus hachazos, y sólo se vestía un poco a alguna fémina. Y de la Hammer se estrenaba todo. El problema era el sexo, y por eso Las torturas de la Inquisición no se estrenó hasta que hubo clasificación “S”, que era algo que, en un principio, sólo se refería a los desnudos, pero que como atraía a la gente, se amplió a la violencia por motivos puramente comerciales. Por eso el primer Mad Max fue “S”, para aumentar su fuerza comercial.
.
Si hay un subcine enfermizo y repulsivo, definitivamente malsano, es el porno-nazi/sado-gore italiano, el que viene de Love Camp 7 (Lee Frost, 1969), Portero de noche (Il portiere di notte, Liliana Cavani, 1974) y las lascivas W.I.P. movies y acaba explotando descaradamente aquello que dice denunciar. ¿Qué opinas de naziexploitations como La esvástica en el vientre (La svastica nel ventre, Mario Caiano, 1977), La última orgía de la Gestapo (L´ultima orgia del III Reich, Cesare Canevari, 1977) o La bestia en calor (La bestia in calore, aka The Beast in Heat, Ivan Katansky/Luigi Batzella, 1977)?
.
Que son películas repugnantes y, por lo tanto, fascinantes, y que hay que reivindicarlas siempre porque son el espejo del alma. Hoy se habla de relativismo moral y cosas así, cuando es todo lo contrario. Así que si hoy miramos hacia atrás y vemos estas películas nos tiramos de los pelos y las guardamos en el sótano, bien ocultas. Porque, además, esas películas, con todo el fetichismo nazi que tienen, son hijas de la izquierda exquisita de los 60, que era muy amiga del fetichismo, del sado-maso light. Cosas de las que hoy se reniega, porque son tabú. Y los tabúes hay que aflorarlos. Lo mejor de todo es que esa especie de revisionismo subpop de los campos de exterminio tiene su origen en la fascinación malsana que despertaron algunas declaraciones de los Juicios de Nuremberg tras la guerra. Éstas llegaron a fascinar a los mismos israelíes, que también editaron novelitas pulp de este tipo. Hoy todo eso debe ser olvidado porque es inmoral.
.


















.
Posiciónate: ¿blog o fanzine? Jimina Sabadú decía que el primero casi ha llegado a matar al segundo. Sin embargo, creo que El Blog Ausente es muy fanzineroso, no hay nada de esa descripción entre absurda y zopenca de la propia rutina. ¿Cuál consideras que es el medio adecuado para un nuevo periodismo joven, creativo y (contra)cultural?
.
El medio es Internet, ya sea en forma de blog, portal, foro, pdf de distribución. A mí me encantan los fanzines. Y como fetichista del papel me gusta la existencia física del fanzine, pero es obvio que Internet permite una mayor difusión y ahorra trabajo. Es más eficiente. Y puedo poner un tutubo, robar una foto de aquí y de allá. Pero, yo siempre he pensado que hago una especie de fanzine con forma de blog, que se enriquece de los comentarios de gentes (a menudo sabias). Aunque también es cierto que ciertos vicios decadentes de la blogosfera están presentes en El Blog Ausente.

¿Qué subgéneros, cinematográficos o de otro tipo, te interesan especialmente? ¿Por qué?
.
Uf... Me sería más fácil decir que no me gusta el melodrama, aunque tampoco es eso. Es evidente que el fantástico, en un concepto amplio (incluyendo agentes secretos imposibles, o el terror de psicópatas), es algo que me tira desde la infancia. En realidad, me gusta cualquier género cuando roza el delirio, y eso es muy propio de la serie B, del cine de explotación, del subproducto exótico.
.
¿Qué te fascina de los picores terrorífico-adolescentes de la AIP? Tus críticas de Yo fui un hombre-lobo adolescente (I Was a Teenage Werewolf, Gene Fowler, Jr., 1957), Blood of Dracula (Herbert L. Strock, 1957), etc., son de lo mejor que he leído sobre estas películas...
.
Gracias. En esos años hubo una explosión de la imagineria terrorífica con espíritu camp. En los EEUU, cuya forma de entender la cultura pop es la madre del cordero, se prohibieron los tebeos, pero sus lectores llenaron los autocines mientras las matinales televisivas se poblaban de anfitriones, con Famous Monsters of Filmand convertida en éxito infantil que reivindicaba a los monstruos de la Universal y ofrecía bello merchandising. Y todo eso en el marco de una sociedad aparentemente feliz, próspera, fascinada por el futuro y el átomo, y, al mismo tiempo, paranoica. Todo en paralelo con el nacimiento del rock and roll; porque yo llegué a estas películas por el punk, y, sobre todo, por los Cramps. Yo creo que todo ese fenómeno cultural de la América de los 50 es clave para entender la cultura pop y su influencia perdura hasta hoy.

Mi reivindicación de estas películas en concreto viene tras leer Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind, que es un libro que está muy bien, pero que tiene un terrible agujero: no cita a (Roger) Corman, cuando es claro que la AIP cobijó a todos esos cineastas de los 70, mientras otros eran hijos de la explosión del terror camp. Coño, si hasta Jack Nicholson era el sobrino de uno de los dueños de la AIP (James H. Nicholson). Y, claro, Biskind acaba diciendo que La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) es clave para entender la cultura del blockbuster, porque convirtió a los jóvenes en el público ideal, cuando en realidad ese cambio se produjo en los años 50. El cambio es meramente una cuestión de presupuestos, no de espectadores.

Por último, como buen degustador del cine fantástico y de terror mexicano, ¿tienes previsto escribir más ampliamente sobre Fernando Méndez, Alfonso Corona Blake o Juan López Moctezuma? ¿Y sobre René Cardona (padre e hijo)? ¿Para cuándo un artículo sobre grandes negados como Jerry Warren o Pete Walker?

El cine chatarra mexicano es fascinante. Una hermosa comunión de influencias pop extranjeras y tradición propia. Con superhéroes ficcionando la realidad y absoluta falta de vergüenza a la hora de llevar a cabo cualquier producto. La pena es que me falta perspectiva local. Me gustaría reseñar todas esas películas mexicanas, pero tengo un problema de tiempo libre. No soy un profesional, tengo un trabajo que no tiene nada que ver y no me gusta descuidar la vida familiar; me van proponiendo cosas a las que es difícil decir que no mientras intento no descuidar el blog porque me da muchas satisfacciones y es un acto de amor a lo que me gusta. Y ahí estamos.

martes 21 de octubre de 2008

Dirigir: Federico Fellini

"Me he inventado todo para contarlo: una infancia, una personalidad, nostalgia, sueños, recuerdos. Me gusta mucho el movimiento a mi alrededor. Ésa es sin duda la principal razón por la que hago films. Para mí el cine es un pretexto para poner las cosas en movimiento (...) Me gusta más el cine-mentira que el cine-verdad. La mentira siempre es más interesante que la verdad. La mentira es el alma del espectáculo y yo amo el espectáculo. La ficción puede andar en el sentido de una verdad más aguda de la realidad cotidiana y aparente. No es necesario que las cosas que se muestran sean auténticas. Por lo general es mejor que no lo sean. Lo que sí debe ser auténtico es la emoción que se experimenta al ver y al expresarse.

(...) En cierta manera, todo es realista. No veo una línea divisoria entre imaginación y realidad. Pienso que hay mucho de realidad en la imaginación. No creo que sea mi obligación disponerlo todo limpiamente en un solo nivel que sea universalmente válido. Poseo una infinita capacidad de asombro y no veo por qué tengo que levantar una pantalla seudoracional para protegerme del realismo.
.
(...) He vivido para descubrir y crear un director: nada más. Y de nada más tengo memoria, a pesar de que paso por ser alguien que vive su vida expresiva surtiéndome en los grandes almacenes de la memoria. Nada es verdad. En mis films no hay ningún sentido de lo anecdótico, de lo autobiográfico. Lo que sí hay es el testimonio de una cierta estación que he vivido. En ese sentido, en ese sí, mis films son autobiográficos; pero del mismo modo en que cualquier libro, cualquier verso de poeta, cualquier color colocado sobre un lienzo pueden ser autobiográficos."

domingo 12 de octubre de 2008

Sitges' 08: "Surveillance" (Jennifer Lynch, 2008)


Los Lynch nos vigilan

Por Pablo Maqueda.

Como "la película de la hija de David Lynch" llegó Surveillance a los pases de prensa matutinos de Sitges. Tras la primera proyección, las buenas impresiones corrieron como la pólvora y ya podían verse los primeros carteles de "agotadas las localidades". Y no es de extrañar, porque Jennifer (Chambers) Lynch no defraudó. Muestra de ello es su elección por parte del jurado como la mejor película de la selección oficial anunciada ayer en el pueblo barcelonés. Con ecos de la japonesa Rashomon (Rashômon, Akira Kurosawa, 1950) y su dosificación de la información a base de declaraciones, Surveillance navega entre el thriller correcto "made in USA" y la "obra cinematográfica con pretensiones artísticas" en cada uno de sus planos. Lynch despliega ante el espectador todas las armas de las que dispone el género, siendo capaz de ofrecer un producto indudablemente innovador, carismático y coherente consigo mismo (algo muy de agradecer en el panorama norteamericano actual, sobrecargado de biopics, remakes y adaptaciones literarias) que seguro se instalará en la mente del espectador como un film "a recordar".
-
Sin innovar demasiado ni aburrir en el devenir de los acontecimientos, la acción transcurre de forma pausada. Lynch se toma su tiempo, al igual que Fincher en la obra cumbre de su carrera, Zodiac (2007). Asimismo, no es de extrañar que el film recuerde sobremanera a una de las obras magnas del padre de la cineasta, Twin Peaks, ya que la influencia paterna (Lynch, David, ejerce como productor ejecutivo) es innegable en numerosos pasajes del largometraje. Pero aquí la pregunta: ¿Es acaso un delito? Los mayores ataques al film proceden de esa vía. Yo no considero un crimen la influencia artística de un creador sobre otro. Picasso no existiría sin Cezzane, ni Cezanne sin Daumier o Delacroix. Al final, nadie puso en tela de juicio el talento de su directora. Una dirección de actores impecable, sustentada en un cásting inmejorable, de Julia Ormond a Bill Pullman, los dos personajes con más peso en la acción. La "vigilancia" de Jennifer Lynch a todos sus personajes fue la mejor vigilancia con una cámara cinematográfica que el cine americano ha demostrado en este último año.

Aquí un servidor consideró la mejor película del certamen The Sky Crawlers (Sukai kurora, Mamoru Oshii, 2008), seguida muy de cerca por Surveillance y Chelsea on the Rocks (2008), documental sobre el célebre Chelsea Hotel que Abel Ferrara presentó en Sitges recogiendo el premio "Maquina du Temps" a toda su carrera (y que regaló al camarero del hotel, su mejor "dealer y amigo" durante todo el festival: verídico). Dios bendiga Sitges.

-

Pavement seleccionado

Circula por Internet una recopilación de lo mejor de Pavement. Piratísima, por supuesto. Ni “Grandes éxitos”, ni “Best of”, ni “Anthology” ni nada. El autor anónimo de esta recopilación ha optado llanamente por llamarla “Selección” (además, en castellano). Y es que no existe ninguna introducción al universo de Pavement editada oficialmente, pero para eso están los buenos piratas, para darnos lo que otros no nos dan. Joder, ¡y además gratis! ¡Benditos Robinjudes!


Pavement no debería necesitar presentación para aquellos que vivieron su adolescencia en la pasada década. Fueron los popes del indie americano de los noventa (compartiendo palio con Dinosaur Jr., Sonic Youth, Pixies y unas pocas bandas más). Su rock ruidoso, melódico, amateurista y deslabazado ha sido y sigue siendo imitado hasta la saciedad (algunos, huelga decirlo, lo han desarrollado con mucho gusto, como es el caso de Built to Spill o los Shins). Y sobre todo, la guinda eran esas letras de Stephen Malkmus, entre el absurdo y la escritura automática, entre la vanguardia y el pitorreo. Dos ejemplos: “Show me a word that rhymes with Pavement and I won't kill your parents and roast them on a spit” (enséñame una palabra que rime con acera y no mataré a tus padres ni los tostaré en el asador/en un lapo) o la demoledora “You’ve been chosen as an extra in the movie adaptation of the sequel to your life” (has sido elegido como extra en la adaptación cinematográfica de la secuela de tu vida) [De “Harness your hopes” y “Type slowly” respectivamente].


La selección que nos ocupa es altamente subjetiva, como lo son todas, por supuesto, pero aquí por suerte no hay un sello detrás, ni ganas de complacer, ni afán de justicia histórica: el tío (o la tía) ha cogido lo que más le gusta del grupo y pista. Y es que Pavement, a pesar de tener discos grandísimos (todos y cada uno de ellos son maravillosos, aunque yo me quedo con “Brighten the corners”, si me lo preguntáis), a pesar de todo, digo, tienen mucha paja. Con el tiempo, todas sus canciones tienen algo, un no sé qué, y a todas les coges cariño, pero sigo pensando que hay mucha paja. En “Selección”, sin embargo, no. De hecho, todo lo contrario: Se echan de menos algunas de las más queridas, como “Summer Babe (winter version)”, “Stereo” o “Best Friend's Arm”. No podían caber todas, claro (cómo echamos de menos las cintas C90, con esos agradecidos diez minutos de más). Están las más grandes: “Carrot Rope”, “Loretta’s Scars”, “Type Slowly”, “Range Life”, “Gangsters & Pranksters”, “Box Elder”, “Here”… Lo de siempre: no están todas las que son, pero son todas las que están. Bueno, todas menos “Killing Moon”, con la que se cierra el disco, que es una versión de Echo & the Bunnymen, eso sí, maravillosamente cubierta.


Se recorren todos sus discos de estudio, desde el caos ruidoso inicial de “Slay Tracks” (Treble Kicker, 1989) o "Slanted & Enchanted" (Matador, 1992) al pop en alta fidelidad de los últimos (“Brighten the Corners” (Matador, 1997) o “Terror Twilight” (Matador, 1999)), pasando por muchas de sus caras bs (“No tan lines” o “Gangsters & Pranksters”, por ejemplo). Porque Pavement, como buenos indies, reservaban algunas de sus mejores canciones para sus sencillos y eps (“Major Leagues” (Matador, 1999) quizás el mejor de ellos).


Todo se remata con una portada que imita el estilo barato, irreflexivo y sobrado de algunas de las del grupo. “Selección” es en definitiva, junto con el dvd “Slow Century” (una recopilación ―legal― de videoclips y directos del grupo, acompañada por un interesante docu de Lance Bangs) la mejor forma de iniciarse en el fascinante mundo de Pavement. Y para los que ya lo conocen bien, es un disco perfecto para recordar lo que brillaba más en el underground de los noventa: el orgullo del que hace lo que le da la gana y la belleza del que no acierta, pero casi.


Por Random Salazar

sábado 11 de octubre de 2008

Dirigir: Jean Eustache

"Hay dificultades económicas y dificultades personales, que son igualmente dificultades económicas. Debe haber algo en el momento en que no estimula el deseo o la necesidad. Lo digo a veces en forma de boutade. Cuando voy a presentar mis películas al extranjero, ocurre que a menudo (los debates son en todas partes los mismos; en todos los festivales del mundo las preguntas son las mismas que en el cine-club de un pequeño pueblo francés) me preguntan por qué he querido hacer esa película. Aparte de pequeñas respuestas anecdóticas que no tienen mayor importancia, me he dado cuenta de que la única razón que podía dar es: por necesidad. Las películas que he realizado, he sentido una necesidad imperiosa de hacerlas. Y a cualquier precio, puesto que la mayoría de las veces he sacrificado la calidad por hacerlas. Las llevaba a cabo sin los medios profesionales y técnicos que requerían mientras pensaba durante el rodaje: 'Siempre me las arreglaré' o 'mantengo la relación calidad-precio'. Con el paso del tiempo te olvidas de estas preocupaciones y te dices: 'Aquí me equivoqué, no fui lo bastante exigente', y te das cuenta que ya lo sabías en la época y la jodiste. No me gusta volver a ver mis películas y siento mucho no haberlas hecho mejor. Me he dado cuenta de que ya, en aquel momento, veía los defectos y que por razones prácticas, materiales..., por mantener el plan de trabajo, por ejemplo, no pude obtener mejores resultados. En aquel momento pensaba: 'Con el dinero de que dispongo, me las arreglaré lo mejor posible'. En realidad, ese 'mejor' es relativo. Por comparar con un escritor o un pintor, sus exigencias son su tiempo. Su tiempo cuesta menos que el de un rodaje. En conjunto se puede decir que el hecho de que sea una industria juega un papel importante en que haya pocos creadores de entidad en el cine. Hay que tener una inmensa sabiduría, un enorme talento para poder dar la vuelta a estos contratiempos económicos. Muchos se han dejado la piel. Ahora, empiezo a decirme: 'Lo que quería hacer era mucho mejor que lo que he hecho'".

jueves 9 de octubre de 2008

Próximamente: A mi madre le gusta el cine trash (capítulo final): Ignacio F. Iquino. El cine a la intemperie

"Estoy muy contento con mi cine, no con todo.
Quemaría unas 70 películas"
Ignacio F. Iquino
.
¿Quién dijo Roger Corman? Olvídense de él. Olvídense de Lee Frost. Olvídense de Jesús Franco. Iquino siempre fue mejor. En breve, la Dra. Freudstein repasará la dilatada carrera de este prolífico productor y realizador catalán, responsable de modélicos films policiacos (El obstáculo, Camino cortado y, sobre todo, Brigada criminal), la adaptación fílmica de un autor incómodo para el franquismo (Historia de una escalera, sobre Buero Vallejo) y varias eficaces comedias (El difunto es un vivo, Los ladrones somos gente honrada, El sistema Pelegrín), pero también de panfletos sonrojantemente patrióticos (Cabeza de hierro, El tambor del Bruch), amorfos eurowesterns (Oeste Nevada Joe, Un colt por cuatro cirios), parodias subnormales (07 con el 2 delante), escabrosos melodramas "de denuncia" (Juventud a la intemperie, Aborto criminal, La basura está en el ático) o vergonzantes sexploitations castizas (¿Podrías con cinco chicas a la vez?, La zorrita en bikini, Jóvenes amiguitas buscan placer) filmadas a la velocidad del rayo. Ardua labor, pues Ignacio Farrés Iquino (desde ahora y ya por siempre I.F.I.), inolvidable rácano, vendió el original de muchos de sus films para que el celuloide se aprovechara en la confección de cuellos de camisa... Ni Jerry Warren o Robert Lippert llegaron a tanto.
.











miércoles 8 de octubre de 2008

(In)visibles


Por Pablo Maqueda.

Un cine alternativo circula por cables y ondas. Un cine diferente al convencional transita por ciudades privilegiadas como si de una feria ambulante se tratase. Un cine diferente es proyectado ante el público de una gran ciudad gracias al apoyo de una filmoteca u organismo social o cultural.
-
Este cine (in)visible, como bien define la publicación Cahiers du cinema España, es mas visible que nunca.
-
Nombres como Apichatpong Wheraseetakul, Terence Davies, Tsai Ming Liang o Charles Burnett pueden ser ejemplos de un cine no estrenado en salas comerciales españolas (debido a numerosos factores, pero ésa sería otra historia), del que gracias al maravilloso invento del estado de bienestar podemos gozar mediante la tecnología (intercambio o alojamiento de archivos y subtitulado de los mismos), subvenciones por obras sociales (Caixaforum, La Casa Encendida), organismos oficiales (filmotecas), festivales de cine (San Sebastián, Sitges, Las Palmas, Valladolid)... A las que cabría sumar un sinfín de posibilidades procedentes del capital privado (la sala independiente La Enana Marrón) o público (ciclos del Museo Reina sofía en Madrid).

"Numerosas distribuidoras apuestan por un cine comprometido con la calidad y el riesgo" : Ésa es la gran mentira. Madrid o Barcelona no resumen a la totalidad de espectadores española, ya no hablo de Teruel o Lugo. ¿Sevilla podrá disfrutar de la última película de Ermanno Olmi, Cien clavos (Centochiodi, 2007)?

Evidentemente no.
-
El acceso al cine (in)visible, más visible que nunca, no es fácil. Depende de la pericia del espectador internauta.

Analicemos las diferentes vías de acceso al cine que nos ocupa:

INTERNET:

- Redes de intercambio P2P: Emule, Bittorrent, Pando...
Las reinas indiscutibles del panorama. Cualquier archivo por extravagante que parezca puede alojarse en dicho software.

- Descarga directa: Rapidshare, Megaupload, gigasize, megashare... y decenas más.
Alojamiento de partes winrar o hacha descargadas al instante, directamente, como su nombre indica.

- Venta On-line: Webs de venta on line de DvD´s segun la zona regional de compra como amazon, dvdgo...

FESTIVALES DE CINE:

- Festivales de largometrajes: Distinguidos en categoría "A", "B" o "C" según reconocimiento internacional.
Ponen al alcance del espectador obras cinematográficas ajenas al circuito comercial de salas o preestrenan filmes previos a su desembarco comercial en el país: San Sebastián, Sitges, Gijón, Valladolid, Sevilla o Las Palmas son buenos ejemplos de ellos en el nuestro; Cannes, Venecia, Locarno o Berlín fuera de nuestras fornteras.

ORGANISMOS CULTURALES

- Capital estatal: Filmoteca de la comunidad de Madrid o Valencia como las grandes defensoras de un cine alternativo en sus proyecciones. Los fondos para la protección cinematográfica del estado ponen a disposición del espectador más exquisito dichos largometrajes en cada una de las filmotecas provinciales de nuestro país.

- Capital privado:
Obras sociales como las de Caja Madrid (La Casa Encendida) o el Caixaforum de Barcelona y Madrid programaron ciclos de cine tan celebrados como "Nuevo cine rumano" o Crude oil (2008), de Wang Bing (filme de catorce horas de duración durante la "Noche en blanco" madrileña)

Salas alternativas como La Enana Marrón o el Pequeño Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes, ambas en Madrid, programan largometrajes ajenos al circuito comercial procedentes de numerosos festivales del mundo a la vez que proyectan retrospectivas como la que el Círculo dedica este mes al cineasta griego Theo Angelopoulos con la proyección de su filmografía íntegra y la asistencia del propio director el día 15 de octubre.

Un cine (in)visible más visible que nunca.
-

martes 7 de octubre de 2008

Próximamente: Especial "Fascismo pop"

Próximamente, Emergentes & Sumergidos publicará un dossier especial dedicado al "Fascismo pop", en el que daremos cuenta de la vertiente reaccionaria de la llamada cultura popular: las canciones ultra de nuestras vidas, el pulp azul y los cascotes de un cine primariamente ideológico.





lunes 6 de octubre de 2008

Entrevista a Óscar Aibar (parte 2): "Hay gente que sólo tiene eso" (John L. Sullivan)

Lo prometido es deuda: aquí va la segunda y última parte de la entrevista a Óscar Aibar. A la espera de esos nuevos y muy interesantes proyectos que nos comentaba (la película de Vázquez y el telefilme con guión de Sánchez Piñol), en E&S rogamos también porque algún día se decida a retomar aquel guión, aún inédito, que iba a ser su segundo largometraje, Yo fui un alienígena adolescente (¡ojo! No confundir con TeenAlien, de Peter Semelka, 1978, o Dr. Alien, aka I Was a Teenage Sex Mutant, Dave DeCoteau, 1989):

De 1996 al 2000 por lo menos, te convertiste en el realizador oficial de Loquillo y los Trogloditas. ¿Cómo surgió esta colaboración?
Pues es que Loquillo es muy amigo mío. Es un tío que tiene muy poco que ver con su imagen pública. Tiene una cosa que me gusta mucho que es que en el mundo del espectáculo en España es un gran superviviente. Es muy positivo: cualquier desgracia que le ocurra le da igual; si un disco vende sólo 800 copias, da lo mismo, es bueno. No como yo, que me hace una crítica mala Mirito Torreiro y me quedo destrozado, sin salir de casa durante días. Él no, se levanta al día siguiente y dice: “Esto ha sido bueno, porque significa que el que voy a hacer ahora va a ser mucho mejor”. Por eso me gustaba mucho estar con él, porque, además, es muy divertido. Fueron unos años muy locos, muy divertidos, porque vine a vivir a Madrid y alquilé un piso con Pere (Ponce) y Loquillo. E hicimos muchos vídeoclips, sí. Del que más contento estoy es de Ya no hay héroes, que reproduce un poco ese rollo de las primeras grabaciones de los Beatles en The Cavern, el primer rock europeo de cuero negro y todo eso. Lo que pasa es que para tu salud seguir trabajando en el rock´n´roll durante mucho tiempo no es bueno, porque tienes que levantarte temprano por las mañanas, escribir... Así que, un poco por transcripción médica, nos separamos. No tengo tanto aguante como él, lo admiro también por ello. No sé quién dijo: “Si volviera a nacer, me gustaría tener el cerebro de Einstein y el hígado de Dean Martin” (risas).

Creo que por esa época también realizaste TV. ¿Puedes hablarnos de tu labor en las series Els Cliptoman, Cuttlas Microfilms...?
Els Cliptoman era una serie de TV3 muy pionera, con unas cabezas, una serie con guiones cortos. Lo de Cuttlas era un episodio de una serie de seis películas, de 35 o 40 minutos, con guiones de gente que le gustaba a Calpurnio: Francesc Casavella, yo... El mío es casi un largo, muy bonito. Y mientras esperaba hacer mi segunda película, Yo fui un alienígena adolescente, que no se hizo nunca, me contrató una productora de Madrid en la que trabajaba Berlanga, Pilar Miró…, para hacer esas series absurdas que hacían en TVE. Recuerdo una, muy mala, que se llamaba Ni contigo ni sin ti, en la que hice la cabecera, que era muy de Vázquez y gustó mucho, y algunos capítulos muy divertidos. Como la serie no la veía nadie, me dejaban hacer lo que quería: cogía a Berlanga y le sacaba haciendo un secundario; o a la gente que me gustaba de TVE de cuando era niño: les buscaba y les daba un papel.

En una entrevista concedida a Galactus y Dildo de Congost describías Platillos volantes como “una defensa del freak antes de que el freak existiera. Es una película de fe, sobre gente que cree mucho en algo”. El gusto por lo bizarro, la defensa de lo excéntrico y la desviación de la norma, del factor diferenciador, son habituales en tu obra y en las de otros compañeros de generación, como Álex de la Iglesia.
Freak no como payaso, sino como inadaptado social. Siempre he admirado a la gente que no se adapta al sistema. Sí, son dos antihéroes. Y, al mismo tiempo, es una cosa muy española, son don Quijote y Sancho Panza. El sistema hace que creas unas cosas, pero hay gente que no se las cree. Admiro mucho a la gente que no se cree los telediarios. Dentro de ese grupo, hay también gente que está como una cabra, pero a mí me cae muy bien; creo que esas personas están más cerca de la verdad que la gente que se cree los telediarios. En Platillos aparecen los primeros freaks españoles, los primeros grandes conspironaicos. Dentro de su delirio, de sus cartas, con las que hicimos Jorge (Guerricaechevarría) y yo el guión, fueron muy visionarios. Creían en la globalización, en que dejáramos de pensar en países y razas y viéramos el mundo como seres humanos. En cierto modo, se adelantaron a su tiempo. Y quise que el público sintiera esa necesidad de creer que tenían y estuviera con ellos hasta el final. Porque, ¿para qué queremos vivir en un mundo en el que todo es tan gris, tan asqueroso? Para follarme a una chica tengo que casarme con ella, esperar dos años...; para cobrar un sueldo tengo que ir ocho horas cada día a una fábrica..., ¿para qué? Yo quería que la gente se enamorara de estos perdedores y se sintiese fuera del sistema durante una hora y media. Y creo que mucha gente, cuando la ve, lo siente así y los quiere mucho. No era reírme de los freaks, que para mí es una cosa terrible, sino ser uno más y que la gente se sintiese como ellos. Porque pienso que, en el fondo, todos llevamos un inadaptado social dentro que debemos dejarlo salir algún día. Vivir siempre con las normas es terrible.


La película es perfecta, redonda, una radiografía certera y precisa de la España de la época, la necesaria cucharada de hiel al almíbar de productos nostálgicos como Cuéntame...
Gracias. Creo que, verdaderamente, es lo mejor que he hecho. Tenía tanta rabia de no haber podido hacer con Atolladero lo que yo quería..., cuando, de pronto, se me dio la oportunidad de hacer una película como yo quería. Y la aproveché. Me dije: “Vale, voy a hacerla y luego me retiraré”. Siempre digo lo mismo. Entonces, cuando ves los pantalones de campana, las patillas..., puedes verlo desde un punto de vista divertido, en plan Cuéntame: qué divertido era aquel coche, mira el hule de flores... Pero, para nada, cuando vivías en los 70, eso no te parecía divertido, porque era lo que tenías; era más bien triste. Esa tristeza es la España que recuerdo de cuando iba al colegio, cuando el taxista era el chivato de la policía, o cuando en la escuela no podías decir lo que tu padre hablaba en la mesa. Lo que recuerdo es a mi padre yendo a la fábrica y que no existía el entretenimiento, sólo estaban los cómics americanos de Marvel y nada más. Yo no soy quien para ponerme a analizar la dictadura a nivel político, pero sí hay una cosa que como niño de entonces te puedo decir: la dictadura consiguió lo peor, que es quitarte la opción de entretenimiento y cultura. Y nadie habla de ello. Hay una película que me gusta mucho, Los rebeldes del swing -(Swing Kids, Thomas Carter, 1993)-, que habla del nazismo de una manera muy original: Se prohíbe la música moderna, el jazz, y unos chicos se reúnen para escuchar discos americanos, de Benny Goodman y otros. Para mí es la mejor película que existe sobre el nazismo. Esa tristeza cultural y diaria me preocupa más que la lucha política, de la que se ha hablado en cien películas. Quise hablar de eso, de cuando te quitan la posibilidad de entender, entre otras cosas. Por eso no me río de los pantalones de campana ni de las patillas. Y cuento la historia desde el punto de vista de los personajes, porque, evidentemente, no tienen esa reflexión de veinte años más tarde, de mirar atrás. Es como si el narrador fuera un hombre viajando en el tiempo. Quiero decir: es lo que había y está ahí, pero no hago redundancias divertidas como Cuéntame y otras series sobre los 70.
-
En este sentido, me parece muy interesante el trabajo de fotografía y dirección artística. ¿Cómo los planteaste con Mario Montero y Ion Arretxe?
La clave es una película, que no sé si se has visto pero que te recomiendo, de Jorge Grau llamada El espontáneo -(1964)-. Es una película maravillosa, en blanco y negro, española, sobre un tío que es un loco de los toros, que quiere ser torero. Va andando por la calle y ves claramente que es una España muy triste. Hay un momento en que pasa por delante de una tienda de souvenirs y ve un toro y un capote, y los ve en color. Cuando finalmente salta a la plaza ve todo en blanco y negro, menos los toros. Todo lo demás es en blanco y negro. Eso me pareció la hostia, es una fotografía emotiva. Platillos volantes no me dejaron hacerla en blanco y negro, así que la hicimos matando el lavado de blancos, que es quitando un poco todos los colores junto con la dirección artística, pero cuando ellos veían ovnis, todo es de colores. De repente, tocamos el pitch de los colores y todo se ilumina: los rojos Kodak suben, etc. Es una cosa imperceptible, que en principio no ves, pero que hace que vivas la película con ellos. Mario Montero, el operador, lo entendió muy bien e hizo muy buen trabajo. Cogió la idea a la perfección y la superó, vaya.

El film podría ser a la vez precuela y complemento perfecto de El día de la Bestia (Álex de la Iglesia, 1995). Una es austera y triste, la otra barroca y trepidante, pero ambas presentan un clima apocalíptico bastante parecido; ambas mezclan géneros para reflejar el presente. ¿Puede ser ésta la razón de que trabajases en el guión con Jorge Guerricaechevarría?
No, tienen que ver, pero El día de la Bestia -que es una película absolutamente redonda-, aunque sea un fantástico realista, es fantástica; está hecha para fans del fantástico. Platillos no. Ni tuvo esa opción comercial, porque no gusta a nadie. Le gusta a la gente que le interesa el cine, pero aquellos que les gusta mucho el fantástico la ven demasiado costumbrista y los que les prefieren el cine, digamos, social la ven demasiado fantástica. Creo que ése es el problema. Supongo que para tener éxito -que es una cosa que no sé lo que es- tendría que haberme decantado, eso me dicen. Pero creo que la película hubiera perdido ese corazón que tiene, porque es una película que habla sobre galaxias, platillos volantes y marcianos, pero lo hace en una fábrica, con unos tíos que tienen sus reivindicaciones laborales. El día de la Bestia y Platillos volantes tienen que ver en el sentido de que parten de un personaje que tiene una fe absoluta en algo y quiere convencer a los demás de eso. Pero Platillos no se va por el lado fantástico. Está ahí, pero todo parte de los personajes.

¿Cómo surgió La máquina de bailar (2006)? ¿Te interesaba la cultura otaku o te pareció el tema ideal para una película deportiva de superación al estilo de Karate Kid o Rocky, a las que, además, citas expresamente? También recuerda mucho a los films de baile de los 80, como Flashdance (Adrian Lyne, 1983), Footlose (Herbert Ross, 1984) o Dirty Dancing (Emile Ardolino, 1987).
Surge como te contó Cristina (Jimina Sabadú). Estaba leyendo un artículo de Mondo Brutto de un tebeo que hizo Ibáñez, ya absolutamente desconectado de la realidad, sobre la movida de Madrid: Chicha, Tato y Clodoveo. Era impresionante, así es como Ibáñez veía la movida. Y luego había otro al final del número sobre la máquina de bailar y me pareció muy interesante, pero tampoco le presté mucha atención. Pero comencé a pensar mucho en él, y me pareció que aquello de la cultura otaku era muy similar a mi época fanzinera; se trata de una cultura independiente que no sale en los medios, y esto me interesó mucho. Luego también vi vídeos en yotube y se me ocurrió rodar una película que fuera una parodia de las películas de superación personal. E hice una cosa que no se le hubiera ocurrido a nadie, que es contratar a una guionista que no había hecho nada y darle una cantidad de dinero importante, pero yo pensé que era honesto porque, al fin y al cabo estábamos robándole una idea suya. Y como yo nunca lo he hecho, y me ha jodido mucho cuando me lo han hecho a mí, la contratamos y confiamos en ella. Y la verdad es que Cristina es impresionante, un talentazo. De hecho, el personaje de la chica lo hice pensando en ella: ese universo de ponys rosas... Hicimos una película sobre unos inadaptados que tienen una afición común, que es bailar, a partir de la cual intentamos profundizar.
-
Hay, como en Atolladero y Platillos volantes, una reflexión en torno a la naturaleza de la “cultura popular”.
Esa historia de la filosofía de las películas baratas. El lujo fue que lo dijera Santiago (Segura). Y es verdad: hay una cultura popular, que es la que yo he mamado y con la que me he criado, y es la que a mí me interesa. Es una cultura que tiene mucha basura, toneladas de ella, pero, de pronto, encuentras una margarita entre toda esa mugre. Yo siempre me he dedicado a recoger esas margaritas, que me parecen muy superiores a las de la Gran Cultura. Además, esta clase de cine ayuda mucho a la gente: las historias de superación y otras similares tienen una especie de filosofía blanda, que la gente hace suya y eso tiene mucho valor. Santiago es, actualmente, el rey de la cultura popular española y, bueno, conseguí que se riera un poco de sí mismo al decirlo.

Tú mismo has declarado en alguna ocasión que siempre te ha aterrado la capacidad que tiene el cine para convertir cosas importantes en auténticas estupideces y que tus películas están hechas para gente normal, no para intelectuales. No son, para nada, entretenimiento vacío, pero tampoco un coñazo. Lo mismo que tus cómics (pienso, por ejemplo, en Nacido salvaje y ADN).
A mí el entretenimiento vacío no me gusta. Por eso no vivo en un chalet en La Moraleja. Bajo la coartada de banalidad que tienen mis películas, intento meter siempre una carga de profundidad. Me parece mucho más atractivo que hacer lo contrario: una película muy densa sobre por qué algunos hombres pegan a sus mujeres y luego meter algún chiste en medio; eso me parece patético. Prefiero meter en una película de chistes tres o cuatro cargas de profundidad. Del mismo modo, me pareció muy interesante hacer La máquina de bailar. Casi todas las películas que hablan sobre grandes temas los convierten en gilipolleces; yo quise hacer una gran película sobre una gilipollez. Me resultaba mucho más interesante ver cómo, partiendo de una banalidad absoluta, hacía una película sobre cómo vive la gente.

En cualquier caso, la elección como coguionista de Cristina, con sus conocimientos de cultura otaku, resultó absolutamente adecuada.
A mí me impresionó mucho esta chica, porque era alguien que, prácticamente, no había salido de su casa y ya en internet era una celebridad. Pensé que si, encerrada en su cuarto con un simple ordenador, había conseguido eso, cuando saliera sería la hostia. Y lo está consiguiendo, de momento está en ese programa de radio (No somos nadie). Creo que el nivel medio del cine español no está preparado para gente tan inteligente como ella. Lo digo en serio. Le costará adaptarse, pero es brillantísima: a nivel conceptual, cómo analiza las tendencias, las películas, la moda... Es impresionante, alguien fuera de lo común.

¿En qué consistió la colaboración de Borja Cobeaga y Diego San José?
Santiago tiene una obsesión –no olvides que también era el productor–, muy inteligente por otro lado, con que las películas, para que funcionen, han de tener un chiste por folio. Si ves sus películas, te das cuenta de que es verdad. Creo que es un buen consejo para la gente que quiera hacer comedias. Pero a mí no me sale. Soy más constructor, me gusta más el argumento. Borja y Diego hicieron la labor de aquellas personas que en el Hollywood clásico se llamaban gagmen, que iban por fiestas oyendo chistes y luego cogían Casablanca y metían cuatro o cinco chistes muy buenos. Los contratamos, porque a mí me gustaba mucho su trabajo en Vaya semanita, e hicieron eso, meter chistes. Uno de ellos, para mí, justifica toda su labor en la película. Es aquel en el que, tras comentar Johnny que en los años 70 quien no sabía artes marciales ni bailar música disco era un don nadie, le preguntan qué pasó, dice: “Llegó la movida. Puta movida” (risas). Es buenísimo, porque todo el mundo habla tan bien de la movida, que cuando aparece un personaje que dice que aquello es una puta mierda, es maravilloso, lo quieres automáticamente; realmente le barrieron al pobre. Borja y Diego son muy buenos para eso.

Frente al hiperrealismo de Platillos volantes la fotografía de La máquina de bailar (de colores saturados, muy vivos y estimulantes, con fugas de luz, etc.) es deliberadamente irreal.
Me gusta mucho llevarme la contraria, así que la película es de colores muy vivos todo el tiempo, como la propia máquina. Hay un momento triste, que es cuando Dani vuelve al barrio, y ahí sí que bajé un poco aquel exceso multicolor. Para mí, era como un videojuego donde tienes que ir superando pantallas y, al final, hay un monstruo al que tienes matar. Pero de lo que más contento estoy es de una cosa que no te imaginarías nunca, que es haber podido matar al Rey, a Juan Carlos I (risas). Realmente, se ha matado muy pocas veces al Rey en el cine español. Y La máquina de bailar es una película en la que, entre chistes y bromas, matamos al Rey. Pero como es tan absurda y se ríe tanto de sí misma, pasa. Y luego la ponen en televisión, me parece muy divertido.

Dani (Jordi Vilches), Josemi (Óskar Santos) y Óscar (Eduardo García) parecen no tener familia, estar solos en el mundo. Sólo se tienen los unos a los otros, Johnny (Santiago Segura) y Gutiérrez (Benito Pocino) son los únicos adultos con los que simpatizan.
Un inadaptado y un retrasado. Sí, son una familia artificial. Es que yo no creo en la familia; vamos, creo en mis padres, pero no en todas esas personas que venían una vez al mes o al año a casa: mis tíos, mis primos..., eran gente extraña para mí. Mi familia era mi grupo de amigos, que compartían mis aficiones y que yo verdaderamente había elegido. Creo mucho en las familias artificiales y odio los conceptos familiares que unen falsamente a las personas. Entonces Dani y el resto son gente que se une por ser unos incomprendidos que se reconocen en esa misma incomprensión. Todos son muy diferentes, pero tienen una pasión común.

Le comentaba a Cristina que la película no parece española y que Jordi Vilchés, Enrique Villén, Josele Román o Benito Pocino son rostros que parecen salidos de un film de Todd Solondz o Harmony Korine, pero a la vez son muy españoles, como de una película de Berlanga o de un tebeo de Bruguera...
Muchas gracias. Es que para mí el secundario lo es todo. Entronca con mi admiración por las películas que comentas. Eso me llevó a buscar también para el personaje del mayordomo a Emilio Laguna, el gran gay del cine español. De hecho, te voy a contar una historia muy divertida. Tú sabes que en las cámaras, cuando vas sobre una mini-grúa, hay una pluma, que se utiliza para hacer movimientos verticales. Hay un momento en la película en que Dani llega a la casa de Lara y se encuentra con el mayordomo. Cuando la cámara llegaba a éste, Emilio decía la frase. Y yo, que estaba sentado con los cascos, no paraba de decir en cada toma: “¡Más pluma, más pluma!”. Y Emilio llegó un momento en que dijo: “¡Mira, más pluma no puedo hacer, que se me va a romper el brazo!” (risas)... En realidad, se trata de la misma razón por la que repito con algunos actores. Hay directores que crean su propia compañía. Yo intento formar la mía propia, que son las caras que me gustan y que son perfectas para mis personajes. A Benito Pocino lo fabriqué yo, en cierto modo. Cuando iba a rodar Atolladero, iba todos los días a Correos a mandar varias cartas y lo veía siempre porque trabajaba allí. Hasta que un día le pregunté si quería salir en la película: “No, yo no sé...”. “Sí, hombre, que hay muchas tías...”. Entonces el tío se apresuró a pedir una excedencia y apareció en la película (risas). Y Josele es que es un icono, y está estupenda.

¿Cómo organizaste la extraordinaria banda sonora? Resulta muy difícil imaginar la película con otra música.
Hay una cosa que yo llamo “la atracción del abismo” y que se produce cuando una cosa es tan mala que te acaba gustando. Si una cosa es muy, muy mala, me engancho. Para mis películas odio la música de sintetizador, pero en La máquina de bailar es todo lo contrario, porque en realidad me gusta la música chicle. Y cogí las canciones que más me gustaban en ese estilo de música electrónica barata. Porque es la música del Tercer Mundo, la que escuchan tanto en Damasco como en Venezuela. Es la música de la gente pobre, y también la del DDR.

No he visto Rumores (Rumors), en la que adaptas uno de tus propios relatos. A propósito de ella has hablado de David Fincher, de The Game (1997) y El club de la lucha (Fight Club, 1999). ¿Es un thriller?
Sí. Es una película muy pequeñita, una tv movie, la han pasado por TV3. Creo que va a salir también en dvd. Y sí, va un poco por ese lado de las películas de Fincher, con esas sociedades secretas. La historia de Rumores es muy curiosa. Cuando escribí el relato, imaginé, ya en plan conspiracionista brutal, un tío que, a raíz de unos textos que había leído sobre rumores de la Segunda Guerra Mundial, fundaba una empresa que se dedicaba a expandir rumores. Porque la gente ya no cree en la publicidad, sólo se cree lo que oye por ahí, en la calle. Y pensé qué increíble y terrible poder sería controlar eso. Investigando, descubrí que ya existía a nivel político; por ejemplo, aquellos mensajes que todos recibimos el 11-S y que salieron de no sé qué lugar de Extremadura. Y cuando escribíamos el guión, me enteré de que en Estados Unidos se acababa de constituir la primera sociedad o empresa de rumores americanos, que trabajaba para Estée Lauder, McDonalds, Coca-cola... Con su departamento de marketing, sus creativos, un departamento de espectáculos, otro de bolsa... Controlan el boca a boca y tienen un poder brutal. La película tiene una pequeña joya: hay un momento en que el protagonista visita el departamento de cálculo de la multinacional que, finalmente, les absorbe, y está decorado con carteles de Chenoa, Bustamante y El código Da Vinci, como si fueran creaciones de ellos. Pedí los permisos y los conseguí. La película no es una maravilla, porque es muy pequeña, pero tiene esas pequeñas cosas.

¿Para cuándo la película de Vázquez?
Ahora ya tengo productor y estamos esperando que Ediciones B acabe de repartir los derechos de la obra de Vázquez entre los herederos y la editorial. El guión ha gustado mucho, porque es un poco el American Splendor español: Vázquez va a interactuar con muchos de sus personajes; estará dibujando y se le aparecerán, por ejemplo, las hermanas Gilda, o el tío Vázquez. Es la historia de un anarquista militante como era él, que no pagaba impuestos, de un estafador y un tipo entrañable. Y, por otro lado, va a ser la primera película sobre la cultura popular española de los tebeos y la gente que la hacía. Porque el hecho cultural que más ha vendido en el mundo empresarial español ha sido el de los tebeos y no hay nada sobre eso. El 50% de la película serán decorados, la editorial Bruguera con todos ahí: Escobar y Zipi y Zape, y todo tipo de personajes... También aparecerá Ibáñez, que comienza como botones, y es como el Salieri de Vázquez, porque acaba desbancándole. Parece que sólo podamos hablar de grandes personajes, como Camarón o Lola Flores, y el resto no tenga ningún interés. Pero yo creo que es más interesante hacerlo de la cultura basura y de la gran gente que había detrás. Es la película que más ilusión me ha hecho nunca, llevo años pensando cómo la haría. Es el sueño de mi vida.

¿Y el telefilme con Sánchez Piñol?
Es otra gran historia. Es la primera vez que dirijo algo que no es mío y es porque he encontrado un escritor que, sin duda, es muchísimo mejor que yo. Piñol es como un escritor del siglo XIX. Es como si Julio Verne o (Robert Louis) Stevenson estuvieran vivos y escribieran, porque tiene esa valía, también para el cine.
-

domingo 5 de octubre de 2008

Benito Boniato estudia Bachillerato


O las desventuras de un adolescente español en los 80, entre Ibáñez, Franquin y Walter Mitty.


Como veis, Benito Boniato está lejos de ser un superhéroe chiripitifláutico de Marvel o DC, más bien es un chaval normal y corriente que vive en un sainete lamentable: sufre los primeros suspensos, no destaca en los deportes, apenas hay chicas a su alrededor y, por supuesto, éstas no le prestan atención... "¡Estoy harto de que todo me salga mal! Mi ridícula existencia se basa en una serie de porrazos, tropiezos, broncas, meteduras de pata, etc. ¡Y eso resulta insoportable!", dice en una de sus primeras historietas largas. Como tiene una gran imaginación, y sólo dos amigos (Luis y Quintalón), a veces se evade de la gris realidad de esos años iniciáticos en aventuras escapistas que protagoniza bajo la identidad de Benito Bond, Superboniato...

El personaje fue creado a mediados de los años 70 por los hermanos Carlos Fresno Crespo (Valladolid, 1953) y Luis Fresno Crespo (Valladolid, 1957), Fresno´s. Según explicaron ellos mismos, al principio ambos hacían al alimón todo el trabajo, pero, con el tiempo, uno se especializó en los fondos y el otro en los personajes.

Fresno´s fueron también los creadores de Ornelo, Paulino y Pernales, exportación de animales y Bermudillo, genio del hatillo, entre otros personajes. En su último (y extraordinario) trabajo para Bruguera, las aventuras de los pequeños alienígenas Astro Sniks, sobre guiones de Jaume Ribera, cultivaron un estilo cercano al de Pierre Culliford, Peyo, autor de Los Pitufos.


Tras la desaparición de Bruguera (en junio de 1986), que se convirtió en Ediciones B, el equipo de hermanos fundó Quirón Ediciones (http://www.quironediciones.com/), dedicada a la historia militar (ya en 1978 habían realizado una aventura gráfica sobre la resistencia del Alcázar para Ediciones Fuerza Nueva) y el cómic.



Fresno´s

sábado 4 de octubre de 2008

Magia Blanca: Os Afrosambas

Magia Blanca: Os Afrosambas

Baden Powell, el guitarrista con nombre de boy scout, y Vinicius de Moraes, el poeta con nombre de diplomático (o el diplomático con nombre de poeta) compusieron juntos Os Afrosambas a principios de la década de los sesenta. Se habían conocido en 1962, cuando Baden Powell comenzaba a ser alguien en la música brasileña y Vinicius estaba en la cima de su popularidad, después de haber publicado varios libros de poemas, haber servido a su país en el Itamaraty, el cuerpo diplomático brasileño, a lo largo y ancho del mundo, haber escrito la obra de teatro en que se basó la oscarizada (y globodeorizada, y palmadeorizada…) Orfeo Negro (Orfeu de Conceiçao, 1956), o haber sido coautor junto con Antonio Carlos Jobim de la multimillonaria “Garota de Ipanema”, principal cepa del virus de esa pandemia que terminó siendo la bossanova.


Tanto Baden Powell como Vinicius estaban fascinados con la música del candomblé (una religión animista importada por esclavos africanos, muy arraigada en Bahía) y las “sambas da roda”, y decidieron profundizar en esos estilos del folclore baiano para luego inyectárselos a la convaleciente bosanova, que tras conquistar el mundo se estaba convirtiendo en una música insustancial. Algunos años más tarde, en enero de 1966, se decidieron a grabar juntos ocho de las canciones que habían compuesto y el resultado fueron las Afrosambas, reeditadas ahora por enésima vez, en esta ocasión por Él/Cherry Red.


Se trata de un disco tropical, optimista y enamorado de la vida, aunque consciente de que a veces duele, como decía el otro. Sus canciones están en su mayoría dedicadas a deidades del candomblé (llamadas "orishas", como Iemanjá o Xangó) y exploran las raíces más negras de la música brasileña.


De Moraes explica en las notas originales del disco, incluídas como es de ley en esta edición, que a la hora de grabar las canciones quisieron que primara la espontaneidad. Querían huir, dijo entonces, de la comercialidad y de las modas, entre ellas de la superproducción y la profesionalización mal entendida. En consecuencia, todo el disco tiene un aire de despreocupación, conseguido gracias a lo que dieron en llamar un “coro de amistade” (que consistía en un grupo de amigos reunidos para la ocasión). El caos que generaron está de todos modos más que controlado: A parte de unos excelentes músicos, contaron con las gargantas de los entonces aún desconocidos Coro Em Cy y el Coro Misto, que en cada momento apoyan a Baden Powell (guitarra) y Vinicius (voz) apasionadamente. El resultado es como una grabación de campo de un guateque carioca, muy lejos del sonido aséptico de la bossa de ascensor o de cuarto de estar de alta sociedad que inmediatamente asociamos con esa década (pienso por ejemplo en el Wave de Jobim, que personalmente encuentro aburrido. Wave está mucho más cerca del cliché, de los lugares comunes de la bossa, quiero decir, que tiene ese sonido de café-bar de hotel de cuatro estrellas, de banda sonora de Vacaciones en el mar, de música ambiental para señoras que tienen a la jet-set por grupo de aspiración social. Un disco que serviría perfectamente como colofón postorgásmico gay (recordemos el guiño de Berlanga en la portada de Indicios) y eso, con perdón de Zerolo, me lleva a desconfiar. Es una música, me dicen las orejas, que apesar de sus virtudes, no tiene alma, no tiene corazón, todo lo contrario que ésta, que es pura vida).


Las canciones de Os Afrosambas hablan de dualidades, de lo humano y lo divino, de las pasiones, de los sueños. “Tiempo de amor” es un manifiesto tropicalista: “Ah, nao existe coisa mais triste que ter paz”, cantan todos a coro, en contra del conformismo, del inmovilismo, de la muerte. Las demás canciones: El “Canto de Iemajá” es música concreta grabada en el paraíso terrenal, “Bocoché” es más negra que el betún... Todas y cada una de las afrosambas son un experimento, un experimento que además salió bien, cosa que (solemos olvidar) no pasa siempre en las artes experimentales.


En la presente edición (en la que por cierto se echan de menos las letras de las canciones, que sí se encontraban en la edición anterior de Sony de 2003 ―aunque las tenéis aquí [http://vagalume.uol.com.br/vinicius-de-moraes/directory/]―) se agradece la inclusión del disco A Vontade (1963), esta vez sólo de Baden Powell (aunque incluye varias canciones compuestas junto con Vinicius que datan de la época en que gestaban las afrosambas). Al lado de esta cumbre de la música del siglo XX el pobre A Vontade se queda pequeño. Sin embargo es mucho más que un simple “bonus” con el que llenar el margen entre un lp y un cd. Permite escuchar aislado, casi sin compañía, el estilo expresivo de Baden Powell. El título (que entiendo puede traducirse por “La voluntad” pero también como “A voluntad”, o sea, “A placer”) refleja muy bien esa mezcla por un lado de técnica trabajada y por otro de soltura y despreocupación que tan bien transmite su guitarra.


Sorprende leer en las notas del disco que Baden Powell, poco antes de morir, convertido al cristianismo evangélico para redimirse de sus adicciones, no sólo renegó de la música que más alto le ha llevado sino que aseguró que las afrosambas se trataban de la mismísima música del diablo. Candomblé y animismo para un evangelista, malo. Para los demás, la magia de las afrosambas de Baden Powell y Vinicius de Moraes sólo puede ser negra si no miramos más allá del color de la piel de sus canciones. Debajo, el alma de esta música resplandece más blanca que el sol de Ipanema.


Por Mauricio Farniente

El cine reencontrado: "Las aventuras de Buckaroo Banzai"


"Buckaroo Banzai, hijo de madre americana y padre japonés, inició su vida tal como iba a vivirla... en varias direcciones a la vez. Brillante neurocirujano, no se sentía plenamente realizado dedicando su vida en exclusiva a la medicina. Recorrió el planeta estudiando artes marciales y física de partículas, y reunió en torno suyo a un grupo de amigos, los rockeros y científicos llamados Los Caballeros de Hong Kong.

Ahora, con su asombroso coche supersónico preparado para un intento de superar la barrera de las dimensiones, Banzai se enfrenta al mayor desafío de su carrera...

Mientras tanto, una nave extraterrestre vigila los movimientos de Banzai y sus amigos...".

Así comienza Las aventuras de Buckaroo Banzai (The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension, 1984), una de las películas más disfrutadas por un servidor cuando era un enano. Film hipnótico, netamente posmoderno, delirante collage de (sub)géneros y referencias de imposible narrativa y hálito surrealista, disfrutó incluso de una suerte de secuela apócrifa, "no oficial": Golpe en la Pequeña China (Big Trouble in Little China, John Carpenter, 1986), que recuperó abundante material de esa segunda parte que se anuncia al final de la película (Buckaroo Banzai contra la Liga Internacional del Crimen) y que nunca se materializó.

En breve, una reseña del film (protagonizado por Peter Weller, Ellen Barkin, John Lithgow, Jeff Goldblum y Christopher Lloyd) y una hagiografía de su director, W.D. Richter, para quien esto suscribe uno de los mejores guionistas del cine americano de los años 70-80.


jueves 2 de octubre de 2008

El cine de "Tono"


En los primeros años 40, cuando el franquismo no había barrido aún con el humor esgrimido por la otra generación del 27 (aunque ya comenzaba a dejar algunos cadáveres artísticos: cf. Eduardo García Maroto), que, por otra parte, tanto le había apoyado, Miguel Mihura y Antonio de Lara Gavilán, Tono, pergeñaron al alimón la desopilante Un bigote para dos (1940), realizada a partir de las imágenes de un ignoto film alemán y con unos nuevos y muy delirantes diálogos escritos para la ocasión. El film, en la línea de Celuloides rancios (1933) y Mauricio, o una víctima del vicio (1940), las experiencias cinematográficas de Enrique Jardiel Poncela, es una feliz muestra de ese nuevo humor (libre de retórica y cursilería, antidogmático y disparatado, gozosamente inverosímil) y puede verse como una película antecesora de Lily la trigresa (aka Woody Allen, el número uno, What´s up, Tiger Lily?, Woody Allen, 1966) y divertimentos posteriores.

Tono volvió a dirigir, ya sin Mihura, con Una canción de medianoche (1947) -film en verdad insólito, con numerosos elementos que lo acercan al cine fantástico- y Habitación para tres (1952) -en el que adaptó su propia obra Guillermo Hotel- y, durante los años siguientes, simultaneó sus actividades como dibujante, comediógrafo y periodista con guiones para Ladislao Vajda (Barrio, 1947), García Maroto (Tres eran tres, 1954), Ana Mariscal (La quiniela, 1960), Pedro Lazaga (La cuadrilla de los once, 1963) o Summers (Adiós, cigüeña, adiós, 1971). Sin olvidar su aportación a Torrejón City, (León Klimovsky, 1962), curioso eurowestern estatal con Tony Leblanc encarnando tanto al honrado sheriff Tom como al peligroso bandido Tim.

Aunque nunca hizo otro largometraje, todavía filmó varias piezas breves como realizador, algunas de las cuales se presumen altamente delirantes: la historia de ciencia-ficción El robot embustero (1966), sobre una narración de Isaac Asimov; La amante estelar (1968), interpretada por Claudia Cardinale, Lola Gaos, Marisa Paredes y Barbara Steele; Entre la memoria y el sueño (1969), con Elena Arnao, Jaime Chávarri y Fernando Méndez-Leite; y Después del tiempo (experiencias) (1969), coescrito con Manolo González, hermano del actor Agustín González y bajista de Los Brincos.