Opción A: Imprime, recorta y pega en la esquina superior de tu tele. Seamos altamente significativos o no seamos.Opción B: Pégatela en la frente y ven a charlar conmigo. Te espero con los brazos abiertos.
Continúan los diarios de rodaje de Ion de la Merde.20-11-07
Re-enciendo la colilla que hace apenas diez minutos acabo de apagar. Ya no me quedan pitis. Soy fumador de un paquete al día (diecisiete cigarrillos en Deustchland). El sistema y mis adicciones me tienen atrapado en este momento. Tengo un trabajo en el que me pagan cincuenta y cinco euros la jornada de ocho horas, más propinas, unos seis o siete euros. Lo que hacen un total de sesenta y dos euros. Cobro al día, es decir, termina jornada y me dan mis sesenta y dos euros en la mano. De esos sesenta y dos euros, con lo que me quema siempre el dinero, cada día, meto cuatro en la máquina de tabaco de mi propio trabajo, y una vez a la semana compro treinta euros de porros a un pizzero. Lo que supone un total de doscientoscuarenta euros al mes en intoxicarme. En excitarme y en relajarme. Fatal.
Hasta aquí son sólo mis adicciones las que me tienen atrapado pero he citado al sistema precisamente por qué es el que se encarga de que lo tenga todo muy a mano. No hablo de mi trabajo ni de mi jefe, nadie me tiene que convencer para que fume. Sin embargo considero el tabaquismo como una enfermedad social de la clase obrera, o sea, yo. Pero sin hablar de esto a nivel personal creo que está claro que de esos cuatro euros al día de tabaco, el estado se queda con tres como poco, porque producir un paquete de tabaco, publicitarlo y distribuirlo no cuesta más de un euro por cajetilla ni de coña. Entonces, son más de noventa euros de impuestos extra que pago al mes por ser fumador. Es una pasta: mil ochenta euros al año que dejan claro que al estado le interesa que fume. Debería dejarlo. O crear una empresa de cigarrillos.
Sin embargo, he decidido dedicarme al cine, y también en esta industria el sistema es tirano y deshumanizado. Pongamos que hago una película. Finalmente, consigo rodarla, montarla y sonorizarla de una forma independiente, pues bien, podría ser mejor o peor, podría haberme proporcionado un mayor o menor grado de satisfacción personal, pero habré conseguido hacer una película autosuficiente, lo cual no es tan difícil teniendo en cuenta que puedes tener una cámara de video desde 100 euros y lo demás es todo inventiva y voluntad.
La trampa está en la distribución, en que una vez tu película está lista debes hacer copias de exhibición y exhibirla. Las distribuidoras y las salas quieren su parte del pastel y han de ver la posibilidad de hacer negocio con tu arte, ellos tienen la sartén por el mango, pueden hacer que tu película se vea en todas las salas comerciales o mal estrenarla en un cine una semana y dejarla morir olvidada. Eso, si se estrena.
Pero ahora el autor independiente tiene una nueva arma contra el sistema: es internet, como no. Hasta ahora nos han vendido que el cine ha de ser visto en su sagrado templo de culto, en su sagrado templo de exhibición, las salas. Después se degrada al dvd para su disfrute doméstico. También puedes bajarte de internet una copia pixelada y con las sombras y toses de aquellas personas que un día la disfrutaron en el cine.
No siempre es así, hay también trabajadores de las productoras, postproductoras o distribuidoras que o bien por propia voluntad o bien por dinero consiguen colgar una copia antes de tiempo. Esto suele ser una catástrofe para los creadores industriales y para los consumidores de cine más puristas. Pero hacen las delicias de aquellos que gustan de disfrutar de los films antes de tiempo o de aquellos a quienes nos gusta ver películas que nunca se estrenarán en nuestro país ni en salas ni en dvd. Luego tal vez venga el “yo ya la he visto, pero ahora quiero verla en el cine”.
Esta es nuestra baza. Solo hay que reinterpretar el orden de los acontecimientos, se le puede dar fácilmente la vuelta a la tortilla, haciendo que ese usuario que baja películas, vea la tuya, la descargue gratis y haga tantas copias pirata como quiera y las distribuya entre sus amigos y familiares, las exhiba en autobuses, bares y todo ese tipo de lugares públicos donde normalmente está prohibido hacerlo sin haber pagado los derechos de exhibición. Eso dice siempre al principio de los dvds, que además advierten de que cometer alguno de esos delitos daña al autor y no sé qué mierdas, cuando a quien realmente daña es al propio sistema y aquellos que se enriquecen a costa del trabajo y del talento de los demás.
A donde quiero llegar es a que existen sistemas de distribución alternativos, directos, de creador a consumidor y que pueden reinventar no solo la industria del cine sino el propio cine. Pongamos que hago la película o que cualquier persona capaz y sin pudor alguno la hace, sin más medios que su cámara doméstica. La película no es la hostia pero que no está mal y la quiere estrenar. Piensa que sus vacaciones en cualquier isla griega o el pedazo de festival que se pego este verano merecen la pena a full sin cortar ni un fotograma, por qué no. Pues bien, según el sistema de distribución en el que vengo pensando sería posible ver esa película o ese video doméstico o llámalo x, en una sala de cine, todo dependería de la fidelidad de su público.
Me explico. Una vez la obra existe, una vez tú película ES, puedes crear un dominio, una página web desde la que puedan descargarla completa, con la mejor calidad posible y con los subtítulos en el idioma que se quiera, y es el usuario quien decide cuanto quiere pagar por tenerla, desde cero a infinito. Hasta aquí todo normal, incluso Radiohead lo han hecho con su último álbum queriendo reinterpretar la industria musical. No sé cuan positiva les habrá resultado la experiencia pero en el caso del cine realmente independiente puede ser mucho más gratificante ya que no solo puedes descargar la película de internet sino que además tú decides si te gustaría gozar de ella en el cine. Si cada euro que cada usuario paga por descargar tu película de internet se destina a sabiendas del propio usuario a las copias de distribución en cine, se puede crear una corriente en la que el usuario paga su entrada por adelantado, descarga tu peli, paga el precio que le venga en gana y recibe además de la descarga de la película una clave en su correo electrónico que es canjeable por una entrada gratuita de cine, incluso si no ha pagado nada. Eso es la hostia. Porque el propio consumidor sabe que si no paga será del todo inviable ver la película en el cine y que si paga, por poco sea podrá disfrutarla gratis en las salas. No es difícil de entender, es el proceso actual a la inversa. Tu película se estrena en internet sin alfombras rojas ni glamour barriobajero. El consumidor decide si quiere verla en el cine y actúa en consecuencia.
Las salas no viven de los seis o siete euros de la entrada sino de las palomitas y la Coca-cola grandes y gracias a las donaciones recibidas por internet tendrán una estimación muy aproximada del público potencial de tu film con lo que este no deberá estar ni un solo minuto más del estrictamente dictado por tus descargas ocupando su programación, salvo sorpresa claro. Con lo que la o las copias de tu película estarán en las salas solo el tiempo necesario para que tu público las disfrute. Dependiendo del número de descargas de tu obra, de las donaciones y de donde procedan éstas, la o las copias estarán más tiempo en una ciudad que en otra, pero éstas, al no tener un dueño, salvo el autor y el propio público que esté interesado en la mayor difusión de la obra, podrán estar dando vueltas por los territorios hasta su completa destrucción por puro desgaste, y de forma gratuita ya que el beneficio que era su propia distribución ya se ha logrado. Habría que ver la viabilidad de esta utopía pero es algo que a priori me parece muy bueno, un concepto realmente fuerte y la evolución natural de la industria cinematográfica. Si las propias salas consideraran que no ganan lo suficiente con la distribución gratuita de tu film siempre se podría pactar con los dueños de estas un precio reducido que correría a cargo del fondo conseguido de los usuarios que ya pagaron lo que les vino en gana por internet o un precio super reducido para los consumidores in situ.
El cine ha muerto, ¡viva el cine!
por Ion de la Merde
Fotos:
Señor lleno de caca: David Nebreda. Ion como Marqués de la Côte de Saint Vincent: Aida Páez.


(1) Que ya habían llevado a cabo con bastante mejor fortuna Blake Edwards y Richard Lester en las más divertidas La Carrera del Siglo (The Great Race, 1965) y El Cobarde Heroico (Royal Flash, 1975).

ás de suponer el ascenso de Quine a la primera división, descubrió a la actriz Kim Novak, de la que el cineasta se enamoró perdidamente. La escultural Novak rechazó una y otra vez a Quine, pero se convirtió en el elemento que haría aflorar el auténtico potencial de éste como cineasta. En las películas que hicieron juntos, Quine, más obsesionado a cada trabajo, la filmó como Von Sternberg a Marlene Dietrich, como Bergman a Harriet Andersson, como Godard a Anna Karina. En el más puro estilo Henry Higgins, diseñó su imagen cinematográfica, toda fascinación y sensualidad (la Columbia deseaba lanzarla como réplica a la estrella de la Fox Marilyn Monroe), transformándola en un icono femenino para generaciones de espectadores de todo el mundo (en España, Juan José Porto llegaría a dirigir una película, por otro lado mediocre, que llevaba por título El Curso que Amamos a Kim Novak).
En ella Quine reunió de nuevo a William Holden y Audrey Hepburn años después de Sabrina (Billy Wilder, 1954) –curiosamente, en Me Enamoré de una Bruja trabajó con la pareja protagonista de Vértigo. De Entre los Muertos (Vertigo, Alfred Hitchcock, 1959), filmada al año siguiente a la película de Quine: recordar, además, en este film el aprovechamiento de Hitchcock de la imagen cinematográfica de Novak diseñada por Quine– para trazar de la mano de Axelrod una mordaz reflexión sobre la escritura de guiones en Hollywood, un singular daguerrotipo de los géneros pincelado con humor vitriólico y colores algo demodé en pleno dominio de la modernidad cinematográfica (al igual que en La Misteriosa Dama de Negro... sí, pero no). Las bromas a costa del viejo Hollywood, pero también de la nouvelle vague, se integran alocadamente pero con absoluta efectividad en el seno de una deliciosa trama de comedia romántica sobre un reputado guionista norteamericano (Holden) y su eventual mecanógrafa (Hepburn) a la búsqueda de una historia que entregar en forma de libreto en el plazo de tres días (7). Y es en esos elementos, momentos donde Quine acaba poniendo su sello más personal.
época, no es menos cierto que el film está claramente subestimado y no merecía la barbaridad crítica que padeció en el momento de su estreno: La rocambolesca historia de amor y enredos sexuales (firmada por David R. Schwartz y el novelista Joseph Heller) entre Bob Weston (Tony Curtis), editor de una escandalosa revista famosa por difamar a los protagonistas de sus artículos, y Helen Brown (Natalie Wood), virginal psicóloga especializada en temas sexuales que ha publicado una guía para que las mujeres solteras encuentren a su príncipe azul, resulta hilarante, aunque menos original y elegante de lo acostumbrado en el Quine de los primeros 60 y predomine una comicidad chapucera y algo deshilachada. Asimismo, el cineasta se encargó de un melodrama como Synanon (1965), que abordaba el problema de la drogadicción, centrándose en los esfuerzos de una yonqui, encarnada por Stella Stevens, por desengancharse y recuperar la custodia de su hija.
The Dude desde que recuerda, aunque también se refiere a sí mismo como The Pope of Dope (El Papa de la Droga). Sus años universitarios, entre los 60 y los 70, se caracterizaron por una intensa actividad política: Dowd estaba muy involucrado en los movimientos de la nueva izquierda norteamericana y formaba parte de destacados grupos antibelicistas de la época que protestaban contra la guerra de Vietnam. En ese contexto nació el Frente de Liberación de Seattle (SLF), al que Dowd pertenecía y en el que era uno de los miembros más notorios, formando con otros seis un pequeño grupo conocido como los Siete de Seattle.

Dowd recorre incansable todos los festivales de cine independiente que es capaz y su presencia se ha hecho ya habitual e imprescindible en este tipo de acontecimientos. Habla de su labor con satisfacción, aunque, al parecer, sus actividades no son tan ordenadas ni su trabajo tan meticuloso como pretende hacer ver en las entrevistas.
Sin embargo, el resultado de tanto esfuerzo queda patente y, además de Sangre Fácil, cuenta con un buen numero de films de cierto éxito, tanto pequeñas producciones como grandes hits. Entre ellas, Buscando a Susan Desesperadamente (Desperately Seeking Susan, Susan Seidelman, 1985), Carros de Fuego (Chariots of Fire, Hugh Hudson, 1981), Juegos de Guerra (WarGames, John Badham, 1983), Besando a Jessica Stein (Kissing Jessica Stein, Charles Herman-Wurmfeld, 2001), e incluso grandes superproducciones como Gandhi (Íd., Richard Attenborough, 1982), películas de animación como Ferngully (Ferngully: The Last Rainforest, Bill Kroyer, 1992: la de las haditas del bosque) y largometrajes documentales sobre Neil Young (Neil Young: Heart of Gold, Jonnathan Demme, 2006) o Metallica (Metallica: Some Kind of Monster, Joe Berlinger & Bruce Sinofsky, 2004; aunque nunca participó en su gira Speed of Sound como asegura en la película, que trabajase con ellos posteriormente fue sólo casualidad).
Actualmente, se encuentra inmerso en la escritura de un libro, The Dude Abides Clasical Tales and Rebel Rants, cuya publicación aguardamos con ansia (y seguramente en balde, ya que dudo que ninguna edición consiga penetrar los muros de nuestra aislada península).
