domingo, 20 de enero de 2008

Entrevista a Víctor Lenore

Entrevista a Víctor Lenore, crítico musical
"Una de las batallas de la crítica es explicar que los argumentos son una cosa bien distinta de las opiniones”

Víctor Lenore (Soria, 1972) se dedica a la crítica musical desde hace más de quince años. Es uno de los principales redactores de Rockdelux y colabora en multitud de proyectos, que van desde la revista Rolling Stone hasta el periódico La Razón.

-¿Quisiste siempre ser crítico musical? ¿A qué otros oficios te habría gustado dedicarte?

-Durante el bachillerato quería ser abogado. Me metí en Derecho y decidí dejarlo cuando me faltaban cuatro asignaturas para terminar. Parece una decisión absurda, pero precisamente me impuse no licenciarme porque sabía que el periodismo musical me gustaba más. No quería correr el riesgo de que me saliera un trabajo de corbata y abandonar lo que más me interesaba hacer. Ahora de vez en cuando me arrepiento. Estaría bien ser abogado en alguna asociación de defensa del consumidor. A quienes nos gusta la música nos timan con facilidad, desde el baile de formatos (vinilo, compacto, MP3) al precio de los discos o el mal sonido/condiciones de los conciertos. Y no, no soy un músico frustrado. Nunca he tenido una guitarra, bajo o batería más de quince segundos seguidos entre las mano. Por algún extraña motivo, tocar nunca me ha llamado la atención.

-¿Qué preparación suele tener un crítico musical? ¿Periodista? ¿Historiador? ¿Músico? ¿Coleccionista? ¿Diletante?

-Las preparaciones son muy variadas, aunque muchos de los periodistas musicales más reconocidos no hicieron periodismo (ahora cada vez hay más que sí lo han hecho o que tienen un máster). Casi ninguno tenemos estudios de música o hemos estado en un grupo. Normalmente se llega por una obsesión que se acaba convirtiendo en profesión. Lo que está claro es que se parece más a historiador que a experto en solfeo (el 90 por ciento no sabemos tocar "Cumpleaños feliz" en un piano). También me gusta la idea de José Antonio Marina de enfocar nuestro trabajo como el de un detective privado, que cobra por investigar cosas que interesan a los demás. El origen de mi obsesión: mi padre cambiaba mucho de trabajo y de lugar de residencia. Fui a seis colegios en cuatro provincias diferentes. Entre mudanza y mudanza, pasé mucho tiempo solo en casa escuchando una y otra vez mi colección de vinilos. También era adicto a Radio 3. De las canciones saqué grandes subidones estéticos e información valiosa para manejarme en la vida.

-¿Cuál es tu formación?

-Mi preparación son entre quince y veinte años devorando Rockdelux, New Musical Express, Mojo, Wire, Uncut, Ruta 66, diversos fanzines y decenas de libros sobre música popular. También compraba discos compulsivamente (muchas veces con el dinero de la merienda). Carlos Boyero, un crítico con quien no simpatizo nada, dice que en España el mero hecho de sobrevivir haciendo esto te hace merecedor del estatus profesional. Estoy de acuerdo. El ambiente laboral es precario y hostil. Sobre todo los comienzos. No es un camino de rosas, pero tampoco un calvario.

-Supongo que conoces a mucha gente del gremio. ¿Se pueden sacar conclusiones sobre su temperamento y su fisonomía?

-Afortunadamente, son personas bastante distintas. Creo que el perfil de este trabajo requiere ser reflexivo, ordenado, abierto de orejas y con curiosidad. Lo que sí puedo decir es que la mayoría tenemos gafas (¿demasiado tiempo frente al ordenador?) y somos chicos (una pena: creo que si hubieran más chicas en el periodismo musical ganaríamos también más lectoras).

-Por lo que he podido comprobar, los críticos musicales pertenecen mayoritariamente a ese invento de posguerra americana llamado “joven” (aunque siempre haya un Everett True o un José Manuel Costa en todas las redacciones). ¿Se retira pronto el crítico? ¿Qué hace después?

-Si abundan los jóvenes es porque la mayoría al llegar a la edad de treinta y pocos prefieren (o se ven obligados) a cambiar a otros trabajos donde se gana más dinero. Esta es una profesión en pañales. No lo digo en tono de queja, sino descriptivo. Bueno, en pañales era en los setenta, ahora está en pantalón corto. No hay ninguna infraestructura pública (archivos, fonotecas, instituto de la música popular) y los medios de comunicación privados aún se mueven demasiado por impulsos, modas o búsqueda de publicidad a corto plazo. Tampoco se hacen muchos buenos programas de televisión. Si te fijas, parece obligatorio que los presenten dos veinteañeros con “piercing” no especialmente enterados del asunto. En la radio hay tres o cuatro nombres interesantes. Documentales serios apenas se hacen. La SGAE tampoco contribuye mucho a la investigación y documentación. El panorama es pobre. Ahora hay museos como el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona que han demostrado mayor interés por la música. También se nota interés en centros privados como La Casa Encendida de Madrid o el CaixaForum, entre otros. Si vas a un festival de cine verás que, además de las películas, también publican libritos y ensayos sobre su programación. Eso aún no pasa con los festivales de música. El oficio de crítico no creo que esté especialmente relacionado con la juventud. De hecho, lo lógico es que el crítico empiece a decir cosas interesantes a los cuarenta o cincuenta años, cuando ha escuchado ya grandes cantidades de discos, tiene perspectiva histórica, contactos en la industria y el criterio que da la experiencia. También hay que sacudirse complejos de pariente pobre. En el fondo, Brian Wilson es de los mejores músicos del siglo XX. Está a la altura de Miles Davis o de cualquiera de clásica. Estos días ha muerto Stockhausen, que es un autor que tiene tanto que ver con la música popular como con la culta. La frontera no es tan clara como pueda parecer.

-¿Con qué suele el crítico compaginar su vida laboral? ¿Docencia? ¿Otro tipo de periodismo? ¿Promoción de eventos? No sé... ¿Camello?

-Afortunadamente, hace nueve años que dedico el cien por cien de mi tiempo a ser periodista musical. Creo que es la mejor opción para consolidarte. Académicamente los críticos no tienen salidas. No hay apenas puestos para ellos en los colegios, la universidad o instituciones docentes públicas o privadas. Compaginarlo con promoción de eventos o discos siempre me ha parecido que crea un conflicto de intereses. Si un crítico musical aquí se dedicara también a ser camello creo que acabaría por ingerir todo su alijo de tranquilizantes y depresores del sistema nervioso. Es un trabajo tenso y duro, pero si te esfuerzas y tienes una pizca de suerte, acabas por encontrar hueco. De lo que no creo que se libre nadie (de momento) es de muchos momentos de insomnio y ansiedad.

-¿Cómo es uno de tus días de trabajo más o menos típico?

-Me levanto, desayuno, enciendo el ordenador, empiezan a sonar discos en el itunes mientras escribo algún encargo. Solamente los paro para transcribir alguna entrevista o para abrir a un cartero que me trae discos por correo. Como. Me doy un paseo en bici por el parque Tierno Galván con el Ipod puesto. Hay que airearse. Friego con la radio puesta. Vuelvo a escribir oyendo discos. Hago una entrevista. Leo la prensa. Ceno. A partir de las diez de la noche voy a algún concierto (la media suele ser de más de doscientos al año). Vuelvo a casa con la ropa apestando a tabaco, aunque nunca he fumado. Lo echo todo a lavar e intento dormirme lo antes posible para volver a levantarme entre nueve y diez. Los fines de semana intento no escribir, pero voy a conciertos, claro, porque es cuando más hay.

-La pregunta que no podía faltar ¿Crees que es un oficio frustrante? ¿Llega a desesperar escribir siempre sobre cosas creadas en general por y para adolescentes, tener que escribir sobre músicas que han dejado de interesarte?

- No me gusta quejarme. No creo que sirva para nada más que para aburrir a quien te escucha. El ochenta por ciento de las veces escribo sobre cosas que me interesan. El pop dirigido a adolescentes siempre me ha gustado. Se puede hacer un buen texto de un artista que no te interesa. Es verdad que lo mismo no me apetece escuchar el nuevo de Fito y los Fitipaldis, pero en cierto modo es mi obligación profesional argumentar por qué me parece que lo que graba carece de valor artístico. En principio, por ejemplo, cuando salió el reggaetón era una cosa que no me llamaba especialmente la atención. Empecé a escucharlo por curiosidad profesional y ahora me encanta. Lo veo muy parecido al rock and roll de los cincuenta. Es música urgente, sexual, machacona, descarada y muy contagiosa. Cada vez que superamos un prejuicio o ayudamos a los demás a superarlo es un triunfo.

-¿Es posible mantener la pasión escuchando 30 discos por semana, asistiendo cada noche a un concierto diferente?

-La saturación de lanzamientos y conciertos es uno de los grandes problemas de los críticos hoy en día, es cierto que puede nublar bastante la percepción. A pesar de ello, a mí cada año me gusta más la música. Y no lo digo presumiendo, sino como algo que me sorprende. Rachid Taha explica que nos engancha la música porque nos conecta con lo primitivo. Puede ser. A mí cada vez me gustan más los ritmos crudos, sencillos y viscerales. Pongamos que el “Arular” de M.I.A o el "Dancing in your head" de Ornette Coleman, que lo acabo de descubrir y me tiene abducido.

-¿A la crítica se llega de rebote, después de algún fracaso? ¿Cómo se empieza en esto? ¿Cómo empezaste tú?

-Creo que poquísima gente llega rebotada de otros sitios. La mayor parte de las veces es vocacional. Yo comencé a mediados de los noventa haciendo un fanzine Malsonando con unos amigos, luego montamos un pequeño sello discográfico Acuarela y al final me descolgué de esto último para dedicar mi tiempo a escribir sobre pop.

-¿Hay que ser especialmente emprendedor?

- Creo que lo importante es tener ganas, leer mucho a los demás y ser autocrítico con lo que entregas. Tener un buen nivel de inglés también ayuda, tanto para hacer entrevistas como para documentarse, porque los grandes libros están escritos en ese idioma. También la mayoría de información en internet.

-¿Ofrece un mínimo de seguridad? ¿Y económicamente?

-Laboralmente es una jungla. No he firmado un contrato de trabajo en mi vida. Si quieres detalles: soy autónomo y gano unos 2.000 euros al mes. Los comienzos suelen ser muy duros. Yo no me pude ir de casa de mis padres hasta los 27 años, cosa que me dio bastante vergüenza. [Por cierto, cuando digo que "gano" unos 2000 euros al mes, quizá debiera poner "ingreso", ya que con eso he de pagar luz, móvil, ADSL, discos, revistas, desplazamientos a festivales, los 220 euros de la
cuota de autónomos, etcétera....Vamos, que gano unos 1600-1700 al mes, mucho menos que mis compañeros de promoción.]

-¿Es un trabajo agradecido? ¿Y suficientemente creativo?

-Para mí sí, aunque tiene más de oficio que de arte.

-¿Qué publicaciones recomiendas? ¿Qué leen los críticos de tu entorno?

-Buff... Todas las publicaciones tienen cosas buenas y malas. En España Rockdelux me parece lo mejor, aunque en muchos aspectos la veo complaciente y algo sosa. De fuera The Wire me parece muy bien hecha: tiene un gran diseño, preciosas fotos y textos muy dignos. Es con la que más aprendo. A veces pueden aburrir por demasiado académicos o porque notas que pretenden epatar más que informar. De las de rock últimamente prefiero Uncut a Mojo, porque va más al grano y tiene más sustancia. En diarios el más completo me parece The Guardian. Los reportajes del Observer suelen ser espléndidos. Recuerdo uno mítico sobre Duran Duran que es de las mejores descripciones que he leído sobre la vida de un grupo pop de éxito. Este año quiero suscribirme a Vibe, Billboard y The Source, tres cabeceras de Estados Unidos que leo ocasionalmente y me interesan. Los suplementos como Babelia, ABCD, Cultura (s) o El cultural me suelen aburrir. Son muy académicos y suelen tirar de plúmbeos textos-ladrillo en vez de trocear la información. Prefiero el Exit de El Periódico de Cataluña. Dicho esto, compro siempre los suplementos que te he dicho, porque en cada número suele haber uno o dos artículos que me interesan un montón.

-¿Algún texto sobre el papel de la crítica que te haya gustado especialmente? ¿Y algún libro musical clave?

-El mejor texto sobre los medios que he leído en mi vida es el ensayo Las cajas vacías de Rafael Sánchez Ferlosio. También recomiendo el prólogo de La guerra contra el cliché de Martin Amis. Libros musicales buenos hay cientos. El último que me he leído es la biografía de Johnny Rotten que ha publicado Acuarela. Las Crónicas de Bob Dylan son un festín de información valiosa y bien escrita. Sobre el pop de aquí recomiendo la Historia del rock que publicó por fascículos El País a mediados de los ochenta. De fuera el Faber & Faber Book of pop que coordinaron Hanif Kureishi y Jon Savage. Ambos son panorámicas generales con mucha miga. Por favor, mátame me parece entretenido y jugoso.

-¿Quiénes son tus críticos preferidos?

-Me gusta Lester Bangs (periodismo informado y visceral) más que Greil Marcus (me suena un poco cursi, artificial y redicho). De aquí mi periodista musical preferido es Nando Cruz, de El Periódico de Cataluña, porque es sutil, sustancioso y tiene sentido del humor sin caer en la gracieta. También devoro a Patricia Godes (una autoridad en música negra), Luis Troquel (biblia pop, aunque peque de blando) y José Manuel Costa (me parece mejor cuando escribe de grupos radicales que de artistas populares). También leo con mucho interés cualquier cosa que firme César Estabiel, que es clarísimo y tiene criterio musical. De Bruno Galindo me gusta su inquietud y un libro tan aprovechable como "Los vasos comunicantes". Curiosamente, soy muy fan de un crítico no profesional, David S. Mordoh, que me parece que es el que mejor escribe de todos nosotros. Otro que suelo disfrutar es al escritor Kiko Amat, que escribe mucho de cultura pop.

-¿Tiene algún prestigio social el crítico?

-No mucho. Se nos ve más como a un bicho raro. Hace unos meses el director de una revista de música donde trabajo me dijo que "en el fondo somos como buitres: vivimos del trabajo de los demás". Es uno de los comentarios más gratuitos y simplones que he escuchado nunca. ¿Los historiadores son buitres? Me pareció una frase muy chunga.

-¿Es ésta una profesión, digamos eufemísticamente, especialmente abocada a la autodestrucción? (pienso en Lester Bangs o en el Everett True de los 90, por citar a dos de mis preferidos)

-Al contrario: requiere constancia, orden en el archivo y estabilidad emocional. La vida del rock and roll es para las estrellas de rock. Esos que citas son casos aislados. Bangs es una autoridad, un raro cruce de periodista y poeta. Everett True no está a su altura, en mi opinión, precisamente por demasiado caótico. Tienen textos buenos, pero creo que le echa más morro que trabajo.

-¿Se necesitan más críticos musicales? ¿Hay sobreabundancia? ¿Se ha democratizado el oficio desde la llegada de internet? ¿Hay mucho intrusismo?

-Ignacio Echevarría, el crítico al que echaron de Babelia, suele citar una frase de Kurt Vonnegut: "No escasean los buenos escritores. Lo que nos falta es una masa de lectores fiables". El trabajo del crítico es ayudar a crear esa masa de oyentes fiables. No sé qué es el intrusismo en la crítica, cualquiera puede hacerlo si le dedica el tiempo suficiente a prepararse. Nando Cruz decía que para ser crítico debería hacer falta un examen como el carné de conducir, una especie de test de cultura pop básica. Estoy de acuerdo, aunque sería complicado llevarlo a la práctica tal y como están las cosas. La llegada de internet ha hecho que el público tenga más fuentes para informarse: Myspace, radio en red, blogs, etcétera. Espero que eso obligue a subir el nivel de la prensa cultural y a ofrecer información más precisa y fiable.

-¿Cómo criticas un disco? ¿Puede hacerse según se escucha por primera vez? ¿Qué peso le das a las primeras impresiones?

-Hacer una crítica a la primera escucha es un poco suicida. Me pongo los discos un mínimo de cuatro veces, algunos he llegado a ponerlos veinte o treinta. Luego intento describirlo con la mayor precisión y claridad posible. También me parece importante ser entretenido y no usar ni una palabra más de las estrictamente necesarias. En principio, mi trabajo no se limita a decir si una canción es buena o mala. He de describir el contenido de un disco, los méritos que le veo y que el lector decida si le interesa o no. Como vivimos en una economía de mercado, tenemos ese factor de distorsión que es la publicidad. Al final, a fuerza de desmentir tópicos y eslóganes, acabas haciendo críticas más militante, destinadas a desmontar lo que consideras falsos prestigios. Creo que en el pop hay muchos, desde U2 a Radiohead pasando por Serrat o Joaquín Sabina. Todos tienen alguna canción/canciones muy buenas, pero me parecen tremendamente sobrevalorados. Que sepa convencerte o no de algo así depende de mis argumentos. Ya que sale el tema, creo que una de las batallas de la crítica es explicar que los argumentos son una cosa distinta de las opiniones. Otra parte importante de nuestro trabajo es avisar al lector de que hay más platos en el menú de los que suelen ofrecerle en los medios masivos.

-¿Qué presencia puede tener uno en su texto? ¿Qué te parecen los escritores en la onda del nuevo periodismo que abren sus crónicas por ejemplo contándote la pastilla que se comieron en el Sónar?

-La primera persona está bien siempre que sea un medio y no un fin. Es otro recurso para el arsenal expresivo. Cuantos más, mejor. Depende de cómo se use. La mayoría de las veces que la he visto usar en España para un texto musical el egocentrismo se ha comido la información. Hay quien sabe hacerlo funcionar bien. Recuerdo haber transcrito (mas que escrito) un texto titulado Yo, bakala donde un asiduo a la “ruta del bakalao” me contaba en primera persona sus recuerdos. Tuve la suerte de dar con alguien que pasó esa experiencia y luego se licenció en Sociología, con lo cual se explicaba bien y ponía las cosas en su contexto socioeconómico. Yo suelo usar la primera persona cuando no domino algo: por ejemplo cuando hice una crítica de Youssou N`Dour contando lo que llamaba la atención de su concierto a alguien que no es experto en música africana.

-¿Suele ser todoterreno el crítico musical? Por un lado, en cuanto a géneros y secciones (ser capaz de abarcar por ejemplo de jazz a noise, de la sección de cultura a la de nacional). Por otro, en cuanto a medios (compaginar radio con internet, etc.) ¿Hay mucha especialización, como en casi todo lo demás?

-Creo que un crítico de música popular puede escribir de muchos géneros. En el fondo, si ponemos el comienzo en la explosión del fenómeno Elvis (1956) estamos hablando de medio siglo de historia. No es tanto. Dicho esto, hay géneros que requieren mucha dedicación, como el jazz o el flamenco. Hay que saber mucha teoría, ir a muchos conciertos, escuchar los discos infinidad de veces. En el siglo XXI el tiempo es oro y la responsabilidad del crítico es no morder más de lo que puede masticar. No creo que un crítico de música deba escribir en la sección de nacional. Con Cultura y Espectáculos hay trabajo de sobra. Ser polivalente es algo que te piden. Si te defiendes en radio, tele y prensa tienes mucho terreno ganado.

-¿Crees que con la tele digital aumentará la presencia de música en la televisión? ¿Tiene salidas el documental de música?

-Una cosa que he aprendido es a no hacer profecías. Prefiero comentar lo que hay a predecir lo que habrá. Los documentales de música son una industria muy interesante, que en el mundo anglosajón mueve mucho dinero con productos de calidad. Aquí empieza a echar a andar con festivales como el In-edit y con la publicación cada vez más frecuente de grandes documentales hechos fuera. Lo que falta es industria propia. Lo de la tele digital ya se verá. En principio, soy escéptico, me huele a que será la tele de siempre con menos presupuesto. Pero siempre que se abre un espacio nuevo en los medios se suele colar algo fresco que te sorprende.

[Fotos enviadas por Víctor Lenore. Haz clic sobre la segunda foto para mejor apreciar sus dotes de escalador de vallas.]

sábado, 29 de diciembre de 2007

Emergentes & Sumergidos

"Reírnos de las ridiculeces: ésta es nuestra divisa;
ser leídos: éste es nuestro objetivo;
decir la verdad: éste es nuestro medio".

Mariano José de Larra, Fígaro.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Blog Mundo Bocado


No querríamos despedir el año sin recomendar un blog hermano, Mundo Bocado (www.mundobocado.blogspot.com), dedicado al pulposo mundo del bolsilibro y el cómic de género, sabiamente capitaneado por Robol, quien, oculto bajo las rasgos del mítico Draculino de Peñarroya, nos ofrece las mejores portadas de dibujantes como Enrich, Martí Ripoll, Badia Camps, Manfredo Sommer o Estebán Maroto. Atención al altamente delirante fumetti naziexploitation que nos descubre.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Emergencias musicales


Esperamos poder colgar canciones de nuestros grupos afines (Taquicardigans, Pyrinerds, Obst, Tinnitia, Profetas Armados...) gracias al programita que veis a la derecha. Por ahora, la página no permite subir música, sólo usar canciones de artistas conocidos ya disponibles en su base de datos. Así que disfrutad del Territorial Pissings de Nirvana (lo primero que se me ha ocurrido) en espera de poder incluir sonidos de cosecha propia.

viernes, 23 de noviembre de 2007

A mi madre le gusta el cine trash: Phil Tucker. Un hombre y su sueño

"¿Es legítimo acusar a alguien por haber hecho una mala película?
¿Alguien ha pretendido alguna vez hacer una película mala con premeditación?"
Fernando Trueba.

"No creo que exista nadie en el mundo capaz de hacer mejor

lo que yo he hecho con tan poco dinero"
Phil Tucker.

- ¿Robot Monster? ¿Qué película es ésa?

El ignorante era mi hermano, Supermierda, conocido por escribir sobre personas de las que ya nadie se acuerda. Robot Monster (1953), le expliqué, era una de las películas malas más famosas de la historia del cine y su director, el ciclotímico Phil Tucker, un individuo capaz de igualar (e incluso, superar) al más reputado (?) Ed Wood, a cuyo oscuro protocine no le fue a la zaga.

- De hecho, John Carpenter la considera uno de sus placeres culpables.

Nuestra madre había levantado la vista de los exámenes que estaba corrigiendo y nos miraba con un extraño brillo en los ojos:

- ¿No lo sabíais? Y Joe Dante le dedicó un cariñoso homenaje en Looney Tunes: de Nuevo en Acción. No es de extrañar, es que Tucker los supera a todos: Bert I. Gordon, Jerry Warren, Al Adamson...

En momentos así me siento en paz con la vida y con el mundo. Supermierda con cara de pasmo y yo levitando hasta el séptimo cielo; la venganza es dulce. Oír recitar a nuestra madre el palmarés de la garrula nulidad cinematográfica es ya mi mejor regalo de Navidad. Quise prolongar la sensación, así que continué:

- Es mala, pero muy especial. Tiene algo..., carisma psicotrónico, y eso en una década pródiga en cine abisal.

Lo cierto es que Robot Monster representa el lado más sombrío y miserable de la fábrica de sueños. Es tosca, confusa y esquemática y rezuma aspereza por todos sus orificios de film gruyère; basura de programa doble que desaparece por el desagüe y emerge años después como clásico camp, como pasatiempo pop, objeto de indudable diversión, que no de culto.

Pero, a sus veinticinco años, el entonces rutilante Phil Tucker creía firmemente estar realizando cine del bueno. Convencido y encantado de su trabajo con Wyott Ordung –joven estudiante de arte dramático devenido guionista y director de monster movies bajo la férula de Corman (Monster from the Ocean Floor), y a quien Tucker atribuiría posteriormente las deficiencias del film–, Tucker se topó con el rácano Al Zimbalist (Cat–Women of the Moon, King Dinosaur), quien no tardó en convencerle de que aceptase un sonrojante presupuesto de 50.000 dólares (16.000, en palabras de nuestro negado cineasta) y cuatro días de rodaje en un birrioso sistema 3–D de pomposo nombre, el Tru–Stereo Three Dimension Process. El guión de baratillo y la ostentosa inepcia de Tucker como director hicieron el resto.

Quizá éste debería haberlas visto venir cuando, aún en fase de preproducción, la cosa comenzó a pintar rematadamente mal. Para Ro–Man, el monstruo alienígena que destruye a toda la humanidad con un súper rayo calcinador a excepción de seis terrícolas inmunizados por un suero, Tucker veía al principio una suerte de robot: "Hablé con varias personas que tenían disfraces de robot, pero eran demasiado caros. Entonces me acordé de que conocía a George Barrows (destacado especialista que interpretaba el papel de gran simio en la mayoría de films ambientados en la selva). Cuando se necesitaba un gorila en un rodaje, se le llamaba a él, porque tenía su propio traje y cobraba sólo 40 dólares por día, así que pensé que George nos saldría baratísimo. Encontré un casco de buceo, lo coloqué sobre el traje ¡y funcionó!". En realidad, no lo hizo en absoluto, aunque tampoco ayudó rematarlo con unas ridículas antenas provenientes de un viejo televisor. Sin embargo, Tucker no se arredró y con la misma pasión que distinguió a Ed Wood (con idéntico optimismo absurdo también), creyendo que estaba creando algo genial aunque no fuera el caso, intentó solventar la chapuza de rodaje y la infinidad de problemas con los productores.

Al final, Robot Monster resultó ciencia–ficción minimal de puro esquelética, un desatino de serie Z consignado a un disipado ridículo: cfr. el arsenal bélico futurista de Ro–Man, reunido a base de restos de serie: la pantalla plana de telecomunicación sobre un tocador, un equipo de radio sacado de algún film bélico y una máquina de burbujas que aparece en los créditos como Automatic Billion Bubble Machine, nada más y nada menos; los planos de recurso de la base espacial simulada por la maqueta de una nave que se bambolea patéticamente entre el humo y las chispas de una bengala (hacia el final del plano, antes de que Tucker corte, vemos perfectamente el brazo del técnico que la manipula); el mismo diseño del monstruo (desde Creature from Haunted Sea, de Roger Corman, no había visto un espantajo igual)... Además, con vistas a conseguir unos míseros sesenta minutos (parco metraje incluso para las estrecheces de la serie B: ¡si hasta consta de un interludio!), se reciclaron a mansalva imágenes de El Mundo Perdido (The Lost World, Harry O. Hoyt, 1925), One Million B.C. (Hal Roach & Hal Roach Jr., 1940), Lost Continent (Samuel Newfield, 1951), Flight to Mars (Lesley Selander, 1951) y material documental de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, más allá de su nulo interés visual, sus fallos de raccord non–stop y su desastrosa narración –ese holocausto torpe y barato, recreado a base de montar una y otra vez los mismos planos de ciudades bombardeadas y dinosaurios (o reptiles que simulan serlo) de los films mencionados, que al final se revela (¡oh!) el sueño de un niño–, Robot Monster es un título tan menor como inclasificable, una curiosa aproximación a las películas de invasión alienígena en boga. Frente a rutinarias baratijas minadas de lugares comunes, Robot Monster presenta al menos algún que otro giro indigesto: uno de los desganados niños protagonistas es asesinado por Ro–Man en una escena que remite al Frankenstein (Íd., 1931) de James Whale en versión ultra–Z, hay un gozable erotismo, ingenuo y explícito al mismo tiempo, que llega a contagiar al propio monstruo (rijoso, le arrancará el corpiño a Claudia Barrett) y el héroe (un primerizo George Nader a punto todo el rato de bajarse la bragueta ante la belleza abisal de Barrett) muere antes del final. Tucker fue inconscientemente a la contra. Y le salió (muy) mal.

Para más inri, Tucker discutió violentamente con los productores y estos le denegaron el derecho al montaje final. El director tuvo que hacer cola (no demasiada, en realidad) y pagarse su propia entrada para ver la película, que tras los sucesivos cambios de título (Monster from Mars, Monsters from the Moon: al parecer, daba igual su origen) se estrenó con el escueto y zetoso nombre de Robot Monster. Tucker, convertido para entonces en una mezcla de Ed Wood y Hal Ashby, siguió viviendo en las nubes de Hollywood, convencido de la calidad de su “ópera prima”, y, en una curiosa muestra de integridad, publicó una carta en un periódico local defendiendo el film a capa y espada. Poco después, deprimido tras una discusión con el distribuidor, que se negaba a pagarle el porcentaje acordado sobre los exiguos beneficios, trataba de suicidarse, sin éxito.

El caso de Phil Tucker, como el de tantos otros, representa “la locura, el disparate absurdo que entraña la realización de una película. Detrás de todas, incluso de la peor de ellas, ha habido siempre un pobre imbécil que creía estar haciendo historia” (3). Esto es, la distancia entre la sincera ambición artística y el talento real, la falsa ilusión de haber logrado algo. Ver, si no, Broadway Jungle (1955), film escrito, producido y realizado por Tucker que narra los esfuerzos denodados de un director por sacar adelante una película con actores mediocres y un presupuesto paupérrimo.

Como cineasta, Tucker jamás logró salir de lo más profundo de la serie Z, a la que entregó otros trabajos de similar catadura, como Tia Juana After Midnite (1954), Baghdad After Midnight (1954), Pachuco (1956) y la justamente infame The Cape Canaveral Monsters (1960). Su carrera, cada vez más redundante, más mala, sólo alcanzó cierto grado de curiosidad (arqueológica, en cualquier caso) con Dance Hall Racket (1953) y Dream Follies (1954), títulos escritos y protagonizados por el gran Lenny Bruce junto a su esposa Honey Harlow.

- Pero no, el Cine debería ser cine bueno, lo demás es sólo un error lamentable –lo más maravilloso de Supermierda es su deliciosa incapacidad de perderse entre líneas-. Además, no comulgo para nada con esa clase de visionado risible. Que cada palo aguante su vela.

A lo que nuestra madre repuso, sabiamente:

- Hijo mío, como dijo Ado Kyrou, “aprende a mirar las malas películas; a veces pueden ser sublimes”.

(1) Otra de las inminentes incorporaciones a este blog–fanzine: sus primeras entradas versarán sobre Curtis Harrington, director de Queen of Blood (1966), estupendo film apreciado incluso por gente de la calaña de mi hermano, y Bruno S., el actor de El Enigma de Kaspar Hauser (Jeder Für Sich Und Gott Gegen Alle, Werner Herzog, 1974) y Stroszek (Íd., Werner Herzog, 1977).
(2) Tamaño sentimiento de negación tampoco es tan infrecuente si atendemos no ya el ejemplo de Wood y sus megacaspas de consumo ultra–rápido, sino el de otros directores, presuntos autores, tan distintos (o no) como Paul Naschy, Daniel Calparsoro o Julio Medem, entre otros...
(3) Trueba, Fernando. Diccionario de cine, Ed. Planeta, 1997.

Por Desperdicios.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Sancho Belmonte. David Belmonte en Sr. Chinarro

Sin ponerse excesivamente analítico y compartimentarlo todo demasiado, podemos dividir la obra de Sr. Chinarro en dos grandes etapas. Grosso modo: la triste y la menos triste. O la “no entiendo lo que dice apesar de que intuyo las palabras” y la “entiendo lo que dice o por lo menos reconozco claramente cada palabra y se me queda una idea general así como de haber oído una canción”. O la de “teclado-guitarra-cosas a las que hago sonar” y la del tradicional “guitarra-bajo-batería”. O la de “me gusta la voz de Antonio Luque” y la de “me gusta como canta Antonio Luque”. O la rara y la normal, la buena y la mala, la mala y la buena, la del purista y la del tipo gragario, la del “suena como el culo” y la radio-friendly, la del fan acusado de nostálgico y la del autoproclamado fan objetivo, la del oyente con preocupaciones eminentemente literarias y la del oyente con preocupaciones más bien musicales. También, la siniestra y la diestra, la de Acuarela y la de las demás, la lo-fi y la hi-fi, la de los noventa y la del siglo XXI (¿alguien sabe, por cierto, cómo se llama la década en que vivimos? ¿Los cero? ¿En serio?). Etcétera.

Ajustándonos a esta división, la primera etapa va desde Sr. Chinarro (Acuarela, 1994) a La primera ópera envasada al vacío (Acuarela, 2001) o a Despídete del lago. Las rarezas de Antonio Luque 1993-2001 (Acuarela, 2001), que es como su propio nombre indica una recopilación de descartes y caras bes de toda esa primera fase. Y la segunda engloba del Cobre cuanto antes (Acuarela 2002) hasta El mundo según (Mushroom Pillow, 2006) [Teniendo en cuenta los eps, la primera etapa incluye desde Pequeño circo (Acuarela, 1993) a La tapia de perejil (Acuarela, 2002) y la segunda, por ahora y que yo sepa, ninguno].

David Belmonte estuvo en Sr. Chinarro durante gran parte de la primera etapa (llamadlas como queráis, faltaría más. Yo me quedo con la división siniestra/diestra), en Compito (Acuarela, 1996), El porqué de mis peinados (Acuarela, 1997) y Noséqué nosécuántos (Acuarela, 1998). Repasemos…

Sr. Chinarro venía de abrir el catálogo de Acuarela con su primer largo homónimo. Un álbum gélido, deprimido, pusilánime, dengue por momentos. Entre las sombras de Sr. Chinarro (Acuarela, 1994, aún sin Belmonte), se adivinaba ya la silueta de lo que estaba por venir: los juegos infantiles, el surrealismo, el dadá, en esas imágenes tristísimas de niños helados y canelas venenosas, en las melodías melancólicas, en el sonido intimista y en esas letras tan insólitas que daban más que pistas del futuro inmediato. Un debut interesante y prometedor. Pero es un Sr. Chinarro todavía demasiado tímido, que aún da incluso un poco de vergüenza ajena (“pero tú de qué vas, ya no pisaré tu dique de broma en la gominola, bye bye”, se atreve a decir don Antonio; también da cosa la pronunciación en inglés guachiguá con que se canta algunas canciones).

Con la llegada de Belmonte en el titulado muy significativamente Compito (Acuarela, 1996) no se montó la juerga padre, como parecen insinuar algunos, a pesar de estar grabado en Tarifa y de que Belmonte llevase consigo su colección de instrumentos de juguete. Pero sí se confirmó lo que estaba sólo apuntado a lápiz, lo que no quedaba claro si había sido fruto de la simple casualidad. Como pasa en todos los segundos discos, vamos. Sigue siendo una música tristona, arrastrada, de bajón, con un imaginario muy poco habitual en la música española de aquella época, tan anglófila y tan desarraigada. Sr. Chinarro se mantendrá siempre en el límite justo de lo andaluz y de lo español sin cruzar la delgada línea del cliché, aprovechando la riqueza de lo popular, de las frases hechas, de los juegos de palabras, del imaginario colectivo, incluso de los sonidos tradicionales (en En el arroyo del Belén, por ejemplo, donde la música es absolutamente de paso semanasantero, y se habla entre otras cosas de sopas de letras y papeles de plata). Evidentemente España y Andalucía son demasiado grandes para hablar de “lo español” y “lo andaluz”, como recuerda David Belmonte en una entrevista larguísima aún por publicar. Pero esa es la impresión más inmediata al oír al Chinarro de entonces. No es habitual oír algo similar a lo español (exista o no, nos entendemos) en la música pop, y mucho menos fuera de insultos costumbristas "politónicamente" correctos a lo Bisbal (hoy tal vez algo más. Pienso en Astrud, en los últimos Planetas. Quizá estemos empezando a recoger los primeros frutos sembrados por estos sevillanos). A mí su música me evoca imágenes de la España post-desarrollista, tardo-franquista o de la primera transición, la del cine del primer Carlos Saura, o la del Berlanga más trágico. A Buñuel incluso, pero menos. Trae a la memoria caserones del tipo Mamá cumple cien años o Cría cuervos, llenos de sobres con bicarbonato, nubes de humo, vestidos apolillados, vespinos oxidadas y San Antonios benditos. Música mediterranea, pero a lo Amarcord. Paolo Conte al baño maría.

El tándem de El porqué de mis peinados (Acuarela, 1997) y Noséqué nosécuántos (Acuarela, 1998) es la total consagración de un estilo, la seguridad de haber encontrado una voz y un sonido con los que se está cómodo. Comienza el Sr. Chinarro de los títulos geniales (El porqué de mis peinados, El libro gordo de Peut-être, Angel Christ Supestar –de las sesiones de El porqué…, incluida en el recopilatorio del FIB 97–), los dobles sentidos (“sírveme de más, sírveme de más”), las imágenes maravillosas (“con las barbas en la espuma, rendida a tus pies”, “la ropa tendida, nadie en la parada, la ronda de los capuchinos”) lo popular (ese Quinto levanta que se cuela de repente en Tu casa o la mía, ese “falla mi vista, fallera mayor”, las referencias al deporte, con joyas como “él juega en casa y cree que va ganando” o “hablan de buenos partidos por las huertas de Sevilla, móntate aquí y pedalea, dale la vuelta a la tortilla”, que culminarán en el título del ep La pena máxima, ya sin Belmonte). También, lo religioso (destaca el himno Santateresa –que da nombre a su club de fans, Mártires de Santa Teresa, creo que hoy extinto–). Y, rizando el rizo, los preciosos coros de Sandra. Las letras de Sr. Chinarro se confirman como algunas de las mejores de la historia de la música pop en español. Mezcla la profundidad que habitualmente sólo han tenido los cantautores (pienso en Paco Ibáñez o Chicho Sánchez Ferlosio) con sonidos mucho menos limitados. Suena anglosajón en la forma, sobre todo inglés (Orchestral Manoeuvres in the Dark, Joy Division, Red House Painters –yankees pero en la inglesa 4AD–, The Cure, los primeros The Field Mice) y muy español en el contenido. Se adivina un pensamiento crítico, inconformista, detrás de muchas de las canciones (“Haz el primo, como hacen los demás. Di te quiero, zarpa a la ciudad”, canta Luque en A la luz de dos velas). Se da una mezcla de lugares comunes revisitados, de juegos de palabras sorprendentes, de frases hechas destripadas, de gracejo, de ingenio, de absurdo, de greguería. Historias que cuentan cosas al modo de la imagen-relato que preconiza Pavese en sus diarios, dando pinceladas rápidas, bosquejando más que fotografiando, aludiendo más que sentenciando, abiertas siempre a la interpretación. “Almidonada en tu uniforme azul, hipercajera, lista como el hambre, llevas en las medias tu carrera”, dice en Miramos en la caja.

Belmonte le da a estos tres discos un toque de falta de profesionalidad, de ausencia de pretensiones, de pitorreo. Y a la vez de credibilidad. No se puede cantar como cantaba Luque acompañado por una banda cum laude en el Berklee College of Music. No se puede ser absolutamente preciso con un instrumento y hacer una música como la que aquí quedó registrada. Lo que hace a Chinarro excelente son sus letras, apoyadas por la música. Jamás será al revés. ¿Antonio Luque acompañado por Mogwai, por M Ward, por la Weather Report? Nunca. A mi me encanta la voz de Luque, pero no pagaría por un disco de estándares de jazz cantados a capella por él. A las letras de Luque, a su voz, le pega un acompañamiento más deslabazado, menos profesional, más (por muy mal que suene el dichoso término) lo-fi. ¿Quién escucha a Chinarro sólo por la música? Chinarro jamás será un grupo de músicos, para músicos. Encontrarás infinitamente más gente con cultura literaria que musical escuchando al primer Chinarro.

David Rafael Belmonte ha sido hasta la fecha el compañero perfecto de Luque porque tenía todo lo que don Antonio necesitaba. Como la posibilidad de que se reagrupen es más bien nula, consideremos estos tres discos como una maravilla irrepetible. Alegrémonos de que Luque y Belmonte se conocieran.

Queremos poder tener una casa

Lo que sigue es el texto íntegro, tal cual me acaba de llegar al correo, sobre la manifestación del 23 de diciembre por una vivienda asequible y digna.

La nómina de mi padre (Artículo de Forges en El País)

'La nómina de mi padre en diciembre de 1979 era de 38.000 pesetas . Él
trabajaba como peón en una obra. En ese mismo momento le ofrecieron
comprar una casa. Le pedían un total de 500.000 pesetas por ella.
Decidió no arriesgar y continuar viviendo en régimen de alquiler, en
unas condiciones muy buenas. Se trataba de una casa modesta pero muy
bien ubicada, en pleno centro de un pueblo cercano a Barcelona. A los
pocos meses mi padre y mi madre compraron un terreno en otro pueblo de
la misma provincia y en menos de cinco años de esfuerzo ya habían
levantado y pagado una vivienda de 120m2.

Han pasado 27 años. En 2006 y en el mismo pueblo donde viven, un piso
modesto de 75m2 a las afueras no se encuentra por menos de 35 millones
de pesetas, y estoy siendo muy generoso.

En el año 1979 el coste de un piso era del orden de 14 mensualidades
de un peón de obra 38.000 pts/mes x 14 meses = 532.000pts. El sueldo
en 2006 de un universitario recién titulado en ingeniería informática
sin experiencia profesional no llega a las 200.000 pesetas mensuales.
En el año 2006 una vivienda modesta cuesta 175 mensualidades (14
anualidades!!!!) de un ingeniero informático.

200.000 pts/mes x 175 meses=35.000.000 pts.

Los jóvenes de hoy necesitaríamos cobrar 2,5 millones de pesetas
mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres
que compraron una vivienda a principios de los años 80.

2.500.000 pts/mes x 14 meses = 35 Mill. de pts

Los pisos en el año 2006 deberían costar 2,8 millones de pesetas para
que los jóvenes de hoy estemos en igualdad de condiciones con nuestros
padres en 1979.

200.000 pts/mes x 14 meses = 2.800.000 pts

No encuentro adjetivo alguno en el año 2006 para calificar lo que mi
padre consideró arriesgado en 1979. Está claro que los pisos no van a
pasar a costar de la noche a la mañana 30 veces menos, de 35 a 3
millones. También está claro que no voy a cobrar 2,5 millones de
pesetas mensuales, por muy buen trabajo que encuentre y por muchos
estudios que tenga. Lo primero que se le ocurre a uno es seguir
viviendo en casa de sus padres y ahorrar el 100% del sueldo durante
los próximos 14 años, para el año 2020 (yo rondaré ya los 40 años de
edad) tendré el dinero suficiente para comprar una vivienda al coste
del año 2006 pero, por supuesto, no al coste del año 2020.
Evidentemente esta ocurrencia la desecha uno antes de hacer cualquier
cálculo. Aunque un joven bienintencionado consiga ahorrar 2, 4 o 6
millones con mucho esfuerzo en pocos años, a día de hoy nunca podrán
evitar:

1) Pedir un préstamo al banco a 40 o 50 años (si consigues ahorrar 2,
4 o 6 millones puedes reducir el período a 35 - 45 años, pero 5 años
no suponen prácticamente nada cuando estamos hablando de medio siglo
de pago). Te darás cuenta de que no vives en una democracia sino en
una dictadura. El dictador no se llama Francisco Franco, sino La
Caixa, BSCH, Banc de Sabadell o, en general, 'la banca'. Ni siquiera
tendrás la libertad de decir lo que piensas a, por ejemplo, tu jefe,
no vaya a ser que cierre el grifo y no puedas pagar al dictador.

2) La otra solución es pagar un alquiler de por vida. En este caso el
dictador se llamará Juan García, José Pérez o Pablo el arrendador. La
situación no es distinta a 1).

Después de esta reflexión ten la delicadeza de no decir a un joven que
su problema es que no ahorra, eso fue válido para ti en 1979, incluso
era valido para algunos jóvenes en 1999, pero no en 2006, en 2006 sólo
consigues cargar con más impotencia, si cabe, al muchacho. El esfuerzo
de nuestros padres, sin duda alguna admirable, no era estéril (podían
obtener una vivienda de propiedad en un período de 5 años). El mismo
esfuerzo realizado por nosotros, los hijos, sólo llega para quizá
reducir en 5 años una hipoteca de medio siglo. La vivienda nunca fue
un objeto para enriquecerse, sino para vivir y es de lo poco material
que sí necesitamos. La ley del libre mercado puede establecer el
precio de los televisores de plasma al precio que quiera... yo no los
compraré... pero nunca tuvimos que permitir que esa misma ley fijara
el precio de la vivienda, porque todos Necesitamos vivir en una y no
todos podemos pagarla. Los jóvenes, incluso aquellos que tenemos
estudios superiores, no podemos competir'.

Forges, EL PAÍS, 2/5/2006

Nota: Tenemos que hacernos oír, todos juntos somos más fuertes!

RAZÓN: Después de la primera sentada por una vivienda digna se han
convocado muchas otras, todas ellas desorganizadas y disgregadas en
unas pocas ciudades. Este es un problema a nivel estatal, es por eso
que se convoca una Macro-Manifestación, no una macro-sentada, para el
*SABADO 23 DE DICIEMBRE A LAS 17:00 HORAS*, se convoca con tanta
antelación para que se difunda lo máximo posible, se ruega a todo el
que reciba este mensaje que lo difunda de todas las formas que se le
ocurran, panfletos, mails, foros de internet, cartas a los medios de
comunicación, a todo tipo de asociaciones...

COMO SE REALIZARÁ: Esta manifestación se hará en forma de marcha
cortando el tráfico por las principales calles del estado español ya
que ha quedado claro que las simples sentadas no son atendidas, aunque
nunca se abandonará el espíritu pacífico con el que esta iniciativa ha
nacido. Si la policía detiene la marcha, se volverá al punto inicial
pacíficamente, sin enfrentamientos, y se esperará a que se pueda
reanudar, en el caso de no poder hacerse, se convertirá en una sentada
más pero se habrá llamado más la atención. Debido a las fechas
navideñas de la MACRO-MANIFESTACIÓN el eslogan principal ' No podemos
volver a casa por navidad porque todavía no nos hemos marchado de
ella.'

CIUDADES CONVOCADAS: (Si la tuya no está ponla)
Madrid: Puerta del Sol
Huesca: Plaza Navarra
Girona: Plaça de correus DEVESA
Barcelona: Plaça Catalunya
Zaragoza: Plaza del Pilar
Salamanca: Plaza Mayor
Valladolid: Plaza Mayor
Iruña: Plaza del Castillo
Vigo: Puerta del Sol
Elche: Plaça Baix Collado
Villalba (Madrid): Plaza del Ayuntamiento
A Coruña: Plaza de Maria Pita
Toledo: Plaza de Zocodover
Córdoba: Plaza de las Tendillas
Palencia: Plaza Mayor
León: Plaza de San Marcelo
Bilbo: Plaza del Teatro Arriaga.
Granada: Fuente de las Batallas
Badajoz: Plaza de San Francisco
Málaga: Plaza de la Constitución
Sevilla: Plaza Nueva
Valencia: Plaza de San Agustín
Albacete: Plaza del Altozano
Talavera de la Reina: PZ EL PAN
Santa Cruz de tenerife: Plaza Weyler
DONOSTIA: alderdi eder.
CALAHORRA: en el ayuntamiento.