
miércoles, 11 de junio de 2008
Crónicas berlinesas

A mi madre le gusta el cine trash: ¡se desvela el misterio!
¡Saludos, mis queridos amiguitos! ¡Sí, soy nueva en este blog! Soy la Dra. Freudstein, madre de Desperdicios y Supermierda, y quiero recomendaros una película abominable, una zetosidad que se os subirá a la cabeza. ¡Bien! Se llama Village of the Giants (1965), y su perpetrador fue el hombre-orquesta de la serie B, Bert I. Gordon (Mr. B.I.G)... ¿Listos? ¡Bien!Pues Gordon, realizador, productor, guionista e incluso supervisor de los efectos especiales (1) de cochambres como El gigante ataca (aka El asombroso hombre creciente, The Amazing Colossal Man, 1957), La araña (Earth vs. the Spider, 1958), The Magic Sword (1962) o El hechicero (The Witching, aka Necromancy, 1972), decidió adaptar la notable novela de H.G. Wells El alimento de los dioses (1903) y le dio para un par de paupérrimos productos, tan menores como inclasificables (2): Village of the Giants y El alimento de los dioses (The Food of the Gods, 1976). El segundo título ("based in a portion" del original de Wells) supuso el desafortunado retorno de Gordon, veinte años después, al gastado tema del gigantismo animal efecto de la radiación, una de las grandes obsesiones de su cine y de la ciencia-ficción U.S.A. de los años 50.
¡Pero Village of the Giants es un film muy superior! ¡Una mezcla de Johann Swift y Herman Cohen! ¡Adolescentes gigantescos que aterrorizan a sus mayores en el escenario de una tradicional small town americana! ¡Glubs! El bichorrarismo, ese sentirse diferente característico de tan decisiva etapa vital, es explotado por un Gordon a la vez destajista y visionario, ofreciendo un demente e involuntariamente acerado retrato de la sociedad de la época: la extrañeza y el desarraigo juveniles –que habían sido reflejados en films tan dispares como ¡Salvaje!/The Wild One, Laszlo Benedek, 1953, Rebelde sin causa/Rebel Whithout a Cause, Nicholas Ray, 1955, y Teen-Age Crime Wave, Fred F. Sears, 1955- toman cuerpo en una desmandada panda de adolescentes oligofrénicos a medio camino del Marlon Brando más cazurro y vándalo, los precursores beatniks -ya vistos en The Beatniks, Paul Frees, 1960; The Flesh Eaters, Jack Curtis, 1964...- y la ulterior Familia Manson... ¡puagh!¡Bueno, pues así es! La culpa de todo ello la tiene el científico precoz interpretado por Ron(ny) Howard tras sus gafas de pasta: “Genio” (sic) ha inventado una sustancia que, ahí es nada, hace crecer desmesuradamente a todo aquél que la ingiere. En principio, se trata de un remedio para paliar la escasez de alimentos en el mundo, pero ocho jóvenes gamberros se apropian del preparado y lo toman, con resultados predecibles.

¡Mi amigo Sami Natsheh define muy bien la moral zetosa del film! ¡Veamos!: “Chicas en bikini, chicos con corte de pelo imposible y, en medio de todo ello, gansos del tamaño de elefantes que bailan rock and roll (...) Hartos de que les digan lo que tienen que hacer, su nuevo tamaño les permitirá mantenerse en un estado en el que ya nadie les puede ordenar hacer nada, pasando a ser dueños de sus actos (actos irresponsables por los que finalmente pagarán)” (3).

¡Je, je! ¡Pues sí que pagan por ellos! ¡Por cierto! Un jovencísimo Beau Bridges lidera el monstruoso grupo salvaje y acneico y el malogrado Jack Nitzsche le pone psicodelia al film. En cuanto a Gordon, vuelve a hacer uso reiterado de rácanas transparencias y sobreimpresiones para simular el gigantismo de los jóvenes protagonistas y nos regala uno de los mejores momentos del género (seguramente inspirado por Attack of the 50 Foot Woman, Nathan Juran, 1958): aquél en que uno de los rednecks agredidos acaba agarrado a la maqueta del espectacular busto de Joy Harmon... ¡Y eso es todo, niños! ¡Me despido por el momento! ¡Os veo luego! ¡Ahora adiós!
(1) “Todo un experto, pues, que dio lo mejor de sí mismo (lo más naïf, sin tapujos, sin dobles lecturas, con transparencias imposibles, inocente disfrute de sesión doble en sala de barrio o de fiesta freaky ante el DVD)”: Casas, Quim, BIG, Contrapicado.net, editorial 23, marzo 2008.
(2) Gordon volvería de nuevo a Wells en la imposible, deliciosamente demodé Empire of the Ants (1977). Para más información, acude a http://absencito.blogspot.com/2005/01/b-art.html y http://absencito.blogspot.com/2006/01/ratas-gigantes-de-artesana.html, donde el sabio Absence, gran exégeta de Mr. BIG, loa las virtudes de ambos films.
(3) Village of the Giants, pasadizo.com.
martes, 10 de junio de 2008
Barcelona Connection: The Pyrinerds

“El cerebro que se escondía detrás de aquellos míticos músico-performers llamados Taquicardigans tiene un nuevo proyecto. Los Pyrinerds nos regalan un espacio de relax onírico y evocador donde los haya. Slow-pop preciosista perfectamente aderezado con inteligentes textos y ¡ah! ‘Altar de pena y gloria’ puede que sea la única canción dedicada íntegramente a un coño. ¡No os los perdáis, por favor!”.
Desde este web-blog animamos a los rezagados a escuchar sus sugerentes greguerías pop: www.myspace.com/thepyrinerds
viernes, 9 de mayo de 2008
"Comet". Modo para una extinción

Por Luis López Carrasco.
Cómo decir adiós al realismo costumbrista castellano y construir una obra ineludiblemente local y a la vez, y sin que sirva de precedente, rabiosamente contemporánea. Un texto del que sólo cabe decir que corresponde al Aquí y al Ahora.
(Y cuando digo contemporáneo me refiero a una mirada que peine el pasado reciente y lo extienda en una mesa de operaciones, cuando digo contemporáneo me refiero a compendiar y formular los hallazgos literarios de la segunda mitad del siglo XX e introducirlos en lugares tan poco habituales como un festival de música céltica en Omajo, Cantabria. Cuando digo contemporáneo no me refiero a supuestos tics de la cultura de masas, con sus zappings, sus blogueces, su merchandising avant-pop y su postmodernia –fresca y simpática por poco habitual en Españita aunque, en el fondo, más “actual” que “contemporánea”-.) Cuando digo contemporáneo no me refiero a poner un anuncio de Vodafone dentro de la novela.
Cómo hacer una radiografía de la normalidad, cómo introducirse en los rituales de una generación X que no tiene el lustre de pertenecer al Imperio, que en vez de grunge tiene Celtas Cortos y Rosana. Cómo confeccionar un manual del provincianismo más apagado, los treintañeros de los noventa, los nuevos colonos de las grandes superficies, que todavía rescatan Tubular Bells y Dire Straits en cintas de cassete para el coche, que compran cervezas de importación para darse un capricho, que emigran a islotes urbanizados por y para la clase media en los que "probar junto a todos los demás los nuevos sistemas de alarma". Espacios periféricos y modulares, nuevos barrios de trazado limpio en los que “no queda ni un centímetro cuadrado para lo silvestre; cada hierba es un ejercicio, cada curva, señal o caseta de perro, un plan a infinito plazo.”
Cómo construir un anti-héroe ya antes visto, Manuel el ex empleado de la Caja de Ahorros, que circunvoluciona en espirales cada vez más alejadas de la realidad junto a su hija de tres años y una mujer de pueblo, enamorada de él como una yegua a su amo. Cómo programar para ellos un viaje a los laberintos cotidianos del desempleo, jornadas en las que se dan cita las experiencias menos prometedoras que se puedan imaginar: cruzar a una pareja de perros Airedale Terrier, comprar tiendas de camping, encargar una cómoda estilo sarraceno en una carpintería, visitar a un quesero que quiere hacer un atlas de quesos europeos, charlar sobre balonmano regional, subir al monte a ver una berrea… y cómo integrar en todo ello el nombre mágico de Comet, el campus norteamericano en el que Manuel podría terminar su inacabada tesis sobre los hombres-ave.
Cómo disolver un lenguaje descriptivo y costumbrista a fuerza de llevarlo al extremo de lo vetusto y lo caduco, un lenguaje de Jara y Sedal al que se le inoculan los vértigos del siglo XXI en una ficción alegórica que sabotea la novela y la convierte en otra cosa. Cómo convertir la Alcarria en Comet, la Antiterra de Pablo Díez. Cómo ordeñar a Delibes hasta que te salga Nabokov. Cómo meter a Richard Ford en la cornisa cantábrica, con ecos de Franzen y De Lillo, y nutrir esa ficción con divulgación antropológica, con erudición botánica, con un humor impasible que corroe el paisaje lentamente… Y cómo sustituir paulatinamente esa ficción por la resonancia y la fuga de Comet: el reino del oscuro profesor Dylan Rebhorn, la sombra de Manuel, su contrapunto, su cazador.
“Querido Manuel,
Quisiera aprovechar esta carta para tranquilizarte. Esos dolores de espalda repentinos son del todo normales. (…) Tus preocupaciones están totalmente infundadas: es cierto que las alas de los hombres-ave nacen de repente y que empiezan con un dolor parecido al que tú sientes, pero siempre a más temprana edad. No se conoce ningún caso de hombres-ave que hayan reproducido sus alas más allá de la adolescencia; no hay absolutamente ningún caso documentado al respecto (…) El otro día estuve revolviendo la casa, y por fin pude ver fotos de Dylan Rebhorn. Parece un cuáquero, con la barba sin bigote enmarcándole la cara (…) Rebhorn tenía manías muy raras, manías que exceden la genialidad de la ciencia, quiero decir. Vera me ha confesado que tenían una vida sexual de lo más matemática y sistematizada. Por lo visto Rebhorn no utilizaba preservativos, sino que antes de cada acto sexual, embadurnaba el sexo de su compañera con un ramillete de plantas abortivas (…)
En un momento de la novela, una manada de ciervos invade en silencio una estación de servicio vacía, empuja las mesas de desayuno, se come los bollos caducados, abolla la máquina de café… sólo Manuel lo verá o creerá verlo. Manuel, resistente sin resistencia, lo contemplará todo antes de que el mundo despierte. Pero una vez que el mundo haya despertado, a él no le quedará más remedio que una discreta extinción. Manuel, empeñado en la consecución de un patrimonio, de un carnet de identidad que lo nombre ciudadano de la realidad, estará destinado a observar desde lejos a todos esos hombres cuyo “patrimonio les corre rojo por las venas y les sale blanco y viscoso por un costado del pene, y si alguien se lo reclamase ante las más sagradas instancias, ellos sólo tendrían que mostrarlo dentro de un bote de plástico como una certeza inapelable. “Aquí dentro van mi padre y mi madre, mi mujer y mi hija, los caballos de vapor de mi todoterreno…”, eso dirían, “soy lo que como y hago, ni crezco ni decrezco, me hago viejo con brevedad, me fundo en el suelo del que nunca he llegado a despegar”.
Comet habla de la extinción confesa de Manuel pero también habla de la extinción de un lenguaje realista que ya no tiene cabida en la narrativa española. El mundo que Manuel contempla se desintegra en silencio, del mismo modo que la narración realista de Pablo Díez se contamina de fábula y despega lejos, muy lejos de aquí.
martes, 8 de abril de 2008
La verdad sobre el rock cristiano
Todo está en los libros, como decía la inolvidable tonada de Negro sobre Blanco, aquel llorado programa cultural con nombre de video gay y presentador con satiriasis. ¿Queréis saber la verdad sobre el rock cristiano? Gracias a Eiren Israel, autor de los fundamentales Dejadlos, son ciegos guias de ciegos y ¿Realmente vendrá Cristo en el año 2000?, es posible.Amazon lo describe así:
"Este libro demuestra que, lejos de ser una inocente forma de entretenimiento religioso, este tipo de musica es destructiva para la salud espiritual de sus adeptos. Debajo del barniz biblico del rock cristiano y sus populares variantes contemporaneas, se encuentra uno de los más sutiles engaños a la juventud. * Que efectos subliminales tiene la musica Rock en el alma * ¿Cuanto ganan los cantantes de Rock Cristiano? * ¿Se trata de un ministerio o de un negocio millonario? * Los principales pretextos de los promotores del Rock Cristiano, cada uno refutado biblicamente * Como diferenciar entre la verdadera musica cristiana y las falsificaciones espirituales. Todo pastor y ministro juvenil debe estar al tanto de la valiosa información aqui expuesta."
Aquí tenéis los índices y el prólogo. Hablan por sí solos.





domingo, 9 de marzo de 2008
"Veíamos muertos todos los días"

Se regalaron cámaras. Cada vez eran más y más baratas y, en un determinado momento, su precio prácticamente desapareció y todo el mundo tuvo una.
Todo había sido visto. Porque nada que no hubiese sido visto había sucedido. Era muy importante, por lo tanto, grabar todo lo posible, así existirían más cosas. La información sobre las cosas se superponía a las propias cosas. La información viajaba lo suficientemente rápido como para que su origen siempre quedara atrás. La información llegaba antes que los cuerpos y, muchas veces, llegaba en lugar de los cuerpos.
Eran años en los que la televisión se había convertido en el supermercado del pasado. El pasado se vendía al por mayor, todo el mundo tenía el mismo. Así que, con ánimo de diferenciarse, los usuarios se dedicaron a generar su propia memoria, las cámaras permitieron individualizar el pasado. Lo podríamos denominar la lucha por la visibilidad. Lo importante ya no era ver sino ser visto. Más importante que la experiencia era el signo de esa experiencia. Los signos crecieron. Y se multiplicaron. El gesto tenía mayor alcance que el acto. La metáfora se dio la vuelta: el referente emanaba de lo representado, la huella acomodaba al pie.
Describíamos la fotografías en presente, muchas veces en gerundio. “Este soy yo, pescando en el lago X.” Nos convertíamos en momentos. Una colección de instantes extraídos del tiempo. El vídeo nos dio la ilusión de la duración. Era falso, lo que pasaba es que los instantes se habían multiplicado. Y estaban muy juntos.
La memoria era un catálogo. El pasado era todo él un mismo ayer siempre recién transcurrido, tan cerca del presente que apenas se diferenciaba de él. El pasado se adhería al presente. El pasado no dejaba de suceder.
Esto no fortalecía al pasado, al revés. Cada vez que una imagen se desarrolla ante nuestros ojos, se vuelve presente, se llena de presente y, a su vez, se vacía de su propio pasado. No nos convoca ella a nosotros, nosotros la convocamos a ella. Cuanto más presente se registraba, más se debilitaba el pasado. El presente lo abarcaba todo, lo ocupaba todo. El futuro se volvió obsoleto.
viernes, 29 de febrero de 2008
Futuros Domésticos: "El día que nos compramos el satélite y otros cuentos"

- ¿Sabes qué me pasa últimamente? ¿Sabes qué me pasó anoche? ¿Me escuchaste anoche? Me desperté otra vez, duermo fatal (Dijo Moskowitz y se encendió un cigarrillo mientras yo miraba la fecha de caducidad de la tarjeta de crédito y pulsaba las teclas correspondientes). Me he despertado esta noche a las cinco y me he dado cuenta de que es algo que me está pasando desde hace unas cuatro noches. La cosa es que me despierto porque estoy soñando que estoy follando con unas tías, me las estoy follando bien, a gusto, y entonces me despierto. Me despierto de lo cachondo que estoy. Me intento volver a dormir pero no puedo porque estoy totalmente empalmado, estoy muy, muy cachondo, entonces me tengo que hacer una paja porque si no, no hay manera humana de que concilie el sueño. Me hago una paja en mitad de la noche y me duermo otra vez. Y ya son cuatro noches. (Moskowitz hablaba, a pesar de que yo tenía puestos los tapones para los oídos, ¿por qué me contaría todo esto? Yo no podía dejar de pensar en la compra que estaba efectuando y en todas las ventajas que nos ofrecería.)
- ¿Y Raquel que piensa de todo esto? -le dije, y esperé, mientras la central de datos comprobaba el saldo de mi tarjeta.
- A Raquel como podrás entender, no le he dicho nada.
- Entiendo. (El número de serie era el Z99DFRBYV-37, se lo susurré a mi robot Espléndido y él me lo escribió en el cuaderno de mano y en el teléfono móvil -el número de serie era fundamental para validar la garantía-, le dije adiós con la mano a Mosko y saludé de nuevo a todos mis amigos del Espacio Interior y pensé en lo que ocurriría ahora que iba a dejar de arrastrarme por la tierra e iba a aparecer en todos los hogares a todas las horas en todas las cadenas, ¿cuántas veces me haría falta a partir de ahora? ¿Cuántas veces sería yo mismo necesario a partir de esta noche? - me pregunté ésta y otras preguntas sin respuesta, mientras la firme mano de mi jefe de grupo y colega, Jesucristo Schoppenhauer, me indicaba el próximo poblado a aniquilar...”

“... en un momento de la partida pierdo a mi batallón y tras un giro de muñeca aparezco al pie de los océanos de Ruido. Camino por la costa como un turista más, las Voces Dispersas me saludan desde la otra orilla, jingles del siglo pasado y telefonía predigital entrechocando en el oleaje, (caminito de Belén...hemos quedado a las cinco en el Cine Avenida...los pastores son primores en el portal de Belén...me ducho y te recojo a la salida...el chuleta de un barrio llamado Bel Air…los tipos de interés suben medio punto...la Virgen y el niñito juegan en el caminito...llega febrero y con él las lluvias...), todas esas voces que me recuerdan que yo también soy una voz y que me piden que me una a ellas. Todas esas voces que imitan el timbre de las personas que he conocido y que me ponen terriblemente melancólico (¿Hijo? ¿Eres tú, hijo? No te veo... ¿Dónde estás?). Un mochuelo con chistera me tira de la manga, es Tolo, mi otro compañero de piso, caracterizado para el Kurby´s Adventures:
- Cuando tengamos el satélite, ya no tendremos que pasar por aquí, ¿verdad?
- Eso sería cojonudo...”

Guillermo Rome, caracterizado como Rocketman en los Encuentros Dígito(s)“Antes de acostarme volví a comprobar el número de pedido, el satélite nos llegaría por mensajero en un máximo de veinte días. En el living Tolo y Moskowitz se habían acabado la mitad de pizza de Marina y empezaban con los bordes que yo había dejado sobre el cartón. Cerré la puerta y apagué la luz, repentinamente cansado. Veinte días, pensé, tumbado en la cama. Por primera vez en todo el día me quité los tapones de los oídos y cerré los ojos, mientras el zumbido perenne y constante de los océanos de Ruido lo inundaba todo a mi alrededor y yo me quedaba profundamente dormido.”